64 años de leyenda: así se vive el Gran Premio de La Bañeza 

Por Alberto Bueno

Cuando llega agosto, la emoción siempre me acompaña. No es solo que empiecen las vacaciones… es que puedo ver atardeceres sin prisas, disfrutar de la moto pese al calor y, como desde hace 64 años, vivir un evento que nunca defrauda: el Gran Premio de La Bañeza.

La ciudad entera se vuelca con sus fiestas, y este Gran Premio es, sin duda, una de sus joyas. Llegar un viernes por la tarde, buscar un sitio donde acampar o alojarte en alguna pensión, camping u hotel, es parte del ritual. Nosotros elegimos la acampada libre… aunque, siendo sinceros, fuimos un poco inconscientes. Durante la noche descubrimos que no todos los aficionados viven la pasión por las motos de la misma forma. Los amantes de las deportivas pasaron horas acelerando hasta el corte, quitando silenciosos y generando un estruendo digno de un escenario postapocalíptico.

La Bañeza 2025-6

 Esa primera noche fue una auténtica “noche en blanco”: nuestras tiendas estaban en pleno epicentro de los “rompemotos” y no pudimos dormir nada.
Al amanecer, sin haber podido disfrutar ni del desayuno tranquilos por los constantes ruidos, pusimos rumbo a la zona del circuito, a unos 20 minutos de la acampada. Allí nos encontramos con amigos y conocidos, entre ellos Jaime Díaz, Jorge Quirós y sus maravillosas familias y una gran comunidad de asturianos, casi todos sobre una Moto Guzzi. El sábado por la mañana es, tradicionalmente, un día relajado: preparar las motos, charlar, hacer nuevas amistades, reencontrarte con viejos compañeros y disfrutar de la comunidad motera. Nosotros, además, tuvimos la suerte de poder comer con los asturianos, siempre tan hospitalarios.

A las tres comenzaron los entrenamientos de las motos de dos tiempos, seguidos por la categoría de cuatro tiempos, donde nuestro amigo Jaime Díaz competía con una preciosa Aermacchi.

En la categoría Euro-Twins, en la que corren las Moto Guzzi de 500 y 650 cc, Bruno Kapin, con su Guzzi 650, marcó un ritmo impresionante, logrando la mejor vuelta por delante de las potentes Ducati Pantah.

 El calor rozaba los 40 grados, y tanto motos como pilotos sufrían. Después de los entrenamientos aprovechamos para cambiar nuestra zona de acampada por un lugar más tranquilo, en las afueras de la ciudad. Estos días de fiesta no es que todo esté permitido, pero el ambiente de libertad se respira en cada esquina.

Después de una noche reparadora, el domingo amaneció con unos “warm up” muy interesantes. Muchos pilotos se guardaban sus cartas para sorprender en carrera.

A las nueve empezaron los primeros calentamientos y, después, las carreras: dos tiempos, cuatro tiempos, Euro-Twins y Moto3/125. El calor era sofocante, pero las ganas de batirse en este trazado mítico estaban intactas. Las calles de La Bañeza se llenaron de balas de paja y de gente: unas 60.000 personas, según la organización.

El circuito, de poco más de dos kilómetros, lo tiene todo: chicanes, rectas (la más larga, de 350 metros, en subida y justo en la línea de salida), curvas rápidas y otras más técnicas. Puede que no esté hecho para motos modernas de gran potencia, pero las sensaciones que ofrece para motos y pilotos veteranos son inigualables.

 A las tres y poco de la tarde, tras un pequeño retraso, las Guzzi estaban listas para salir en el 64º Gran Premio de La Bañeza. Al apagarse las luces, Bruno Capin impuso su ritmo desde el principio con su “seis y medio”, dejando atrás al resto. Jaime Díaz, con su Monza 500, peleaba desde la cuarta plaza, intentando superar a una preciosa Morini que no se lo puso nada fácil.

Bruno lideró cómodo toda la carrera, mientras Jaime libraba una batalla constante durante las doce vueltas con la Morini, un auténtico hueso duro de roer. Las últimas vueltas fueron dignas de los mejores años de MotoGP… o de los añorados 500 cc. Hugo González, con su Ducati Pantah nº 9, se acercó peligrosamente a Bruno. En la última vuelta, ambos intentaron adelantar a un doblado, el nº 99, Braña. En esa maniobra, Hugo se desestabilizó y casi chocó contra la paja, perdiendo segundos clave. Bruno mantuvo la calma y cruzó la meta en primera posición, celebrándolo a lo grande.

En la categoría de 500, la lucha por el tercer puesto estuvo de infarto: la Morini y la Monza de Jaime Díaz llegaron a la última curva pegadísimas. Jaime se puso a rebufo en la subida final y, en el último instante, salió de la aspiración para adelantar por media rueda, llevándose un merecidísimo tercer puesto.

En la vuelta de celebración, Bruno Capín se detuvo en la última curva y, con los ojos vidriosos, se fundió en un abrazo con la afición. Poco después llegó nuestro socio Jorge Quirós (todo un veterano con catorce Bañezas a sus espaldas) dorsal 88 y amigo de Bruno. La emoción les desbordó a ambos.

El podio de las Euro-Twins 650 se completó con David García Bango sobre otra Guzzi 650. Una muestra de que las Moto Guzzi, pese a no ser muy conocidas, pueden ser tan competitivas como cualquier otra, incluso con su cardán y su peculiar disposición de motor.

Bruno Capin tras cruzar la meta en 1ª posición

David García celebrando su 3ª posición

Bruno recogiendo el 1er premio

Bruno y David

 El Gran Premio de La Bañeza es así: motos clásicas rugiendo, calor intenso, buen ambiente, murales de grafitis y una ciudad entera volcada en mantener viva una tradición única, una leyenda.

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