Entrevista a Ramiro Vergez Kenny
GRIZZLY 211: 4.500 kilómetros, una Moto Guzzi V85 TT y un desafío contra el reloj
Texto presentación Ramiro y reto Grizzly 211
1. Ramiro, antes de hablar de GRIZZLY 211, nos gustaría conocer un poco mejor a la persona que hay detrás de esta aventura. ¿Quién es Ramiro Vergez Kenny y cómo nació su pasión por las motocicletas?
Nací en Santa Rosa, en la provincia de La Pampa, Argentina. Mi pasión por las motos comenzó muy temprano, a los nueve años, en el campo de mis padres, donde pasábamos todos los veranos y muchos fines de semana.
Allí había una pequeña Zanella de 50 cc, una Zanellita con cambios en el puño, muy sencilla. Fue mi primera moto. También había un Fiat 600 que había pertenecido a mi madre, y con los dos empecé a descubrir ese mundo de los motores y la mecánica que terminaría marcando mi vida.
Mi padre era un apasionado de los automóviles y corría como aficionado en Turismo Nacional, una categoría argentina que en aquella época todavía disputaba carreras en ruta. Aunque inicialmente no era muy amante de las motos, compartíamos esa pasión por los fierros.
Cuando tenía unos 13 o 14 años me compró una Kawasaki 125 Enduro, que empecé a utilizar por el campo. Al poco tiempo, él descubrió que recorrerlo en moto era una excelente alternativa a hacerlo a caballo, así que se compró una Suzuki 175 de dos tiempos y comenzamos a salir juntos.
A los 15 o 16 años, cuando obtuve el permiso para conducir, llevé mi Kawasaki a Santa Rosa. Recuerdo perfectamente la sensación de manejar por primera vez una moto sobre el asfalto. Fue increíble. Ahí descubrí otra pasión que me acompaña hasta hoy: la velocidad.
Pero en el campo también nació mi vocación por la ingeniería. Si una moto se rompía, tenía que arreglarla yo mismo, porque no había nadie cerca que pudiera hacerlo. Empecé desarmando carburadores, tratando de entender cómo funcionaban las cosas, cometiendo errores y aprendiendo a repararlas. No sabía nada de mecánica, pero tenía una enorme curiosidad y muchas ganas de seguir andando.
Más adelante me mudé a Buenos Aires para estudiar Ingeniería Mecánica. Durante algunos años estuve alejado de las motos, hasta que regresé con una Honda CBR 600 y empecé a interesarme seriamente por la conducción deportiva en circuito. Hice cursos de pilotaje y tuve la suerte de conocer a grandes pilotos que me ayudaron a mejorar. Entre ellos, Armando Colomo, un piloto de enorme experiencia que se convirtió en un referente y que continúa aconsejándome incluso en este desafío.
Con los años llegaron otras motos, como una Kawasaki ZX-10, y también la competición.
Curiosamente, esa pasión que había comenzado de niño terminó convirtiéndose también en mi profesión. Hoy soy gerente de Ingeniería de Grupo Simpa, una empresa argentina donde trabajamos con numerosas marcas internacionales de motocicletas, tanto en fabricación y ensamblaje como en comercialización.
A mis 55 años, las motos siguen ocupando una parte fundamental de mi vida. Uso una Royal Enfield Continental GT 650 para moverme todos los días, practico motocross y compito en campeonatos provinciales y nacionales de velocidad con una Aprilia RS 660.
Y ahora estoy preparando GRIZZLY 211 sobre una Moto Guzzi V85 TT, un desafío de resistencia que combina prácticamente todo lo que me apasiona: las motocicletas, la ingeniería, la competición y los grandes viajes.
En definitiva, sigo siendo aquel chico de nueve años que se subía a una Zanellita en el campo de La Pampa. Solo que ahora las motos son un poco más grandes y los desafíos también.
2. ¿Cómo empezó tu historia con Moto Guzzi? ¿Qué te atrajo de sus motos y qué sensaciones te transmite conducir una de ellas?
Mi historia con Moto Guzzi comenzó de una manera bastante particular. Cuando decidí intentar el récord Ushuaia–La Quiaca, tenía claro que la elección de la moto no podía ser emocional ni improvisada. Tenía que ser una decisión de ingeniería.
Por mi trabajo tengo contacto con muchas marcas y modelos de motocicletas y, además, como piloto de velocidad, estoy acostumbrado a preparar cada competición pensando en la confiabilidad de todos los elementos. En una carrera podés ser el más rápido, pero si algo falla y no llegás a la bandera a cuadros, todo el esfuerzo anterior pierde sentido.
Con un récord de resistencia sucede exactamente lo mismo. Son casi 4.500 kilómetros y cualquier problema, incluso en los últimos kilómetros, puede impedir alcanzar el objetivo.
Así que comencé a estudiar distintas motocicletas, analizando sus características, ventajas, posibles puntos críticos y comportamiento en condiciones exigentes.
Después de todo ese análisis, la elegida fue la Moto Guzzi V85 TT.
Busqué específicamente una de la generación 2020, con homologación Euro 4, y encontré una unidad prácticamente nueva, con apenas 8.000 kilómetros, en el color Giallo Sahara, que me parece espectacular.
Desde el punto de vista técnico, encontré una combinación muy interesante: motor refrigerado por aire, transmisión por cardán, una construcción robusta, excelente capacidad de carga y una posición de conducción muy cómoda para alguien de mi altura. Todo eso significaba menos elementos expuestos a posibles fallos y mayores posibilidades de completar el recorrido.
Pero lo más interesante vino después, cuando empecé a manejarla.
La verdad es que me llevé una sorpresa enorme.
He manejado muchísimas motos de diferentes categorías y puedo decir que la V85 TT tiene una personalidad muy especial.
Es una moto que combina características que parecen difíciles de encontrar juntas. Cuando viajás tranquilo, es una gran trail, cómoda, estable y muy agradable. Pero cuando empezás a exigirla, aparece un comportamiento sorprendentemente deportivo.
Tiene un torque extraordinario, una respuesta muy contundente y una parte ciclo que me impresionó. Frena muy bien, entra en las curvas con una facilidad increíble y permite inclinar con mucha confianza. Por momentos, su agilidad me recuerda a una supermotard.
Y al mismo tiempo tiene algo de moto de enduro: es muy fácil de controlar de pie sobre los estribos, se desenvuelve perfectamente sobre caminos deteriorados y transmite una sensación de robustez que inspira muchísima confianza.
Lo que más me sorprende es su versatilidad. Puede viajar durante horas por una buena carretera y, cuando el pavimento se deteriora, sigue comportándose de una manera extraordinaria.
Además, es una moto amplia, muy cómoda para mi altura y con una estabilidad excelente, incluso transportando todo el equipamiento necesario para el desafío.
Creo que eso es lo que terminó conquistándome de Moto Guzzi. No es una moto que necesite impresionar con cifras espectaculares de potencia o tecnología. Su verdadero valor está en el equilibrio de todo el conjunto y en las sensaciones que transmite cuando la conducís.
La elegí por sus cualidades técnicas y por la confianza que me inspiraba para afrontar el récord. Pero después de manejarla y exigirla durante miles de kilómetros, descubrí que, además, es una moto extraordinariamente divertida.
Y eso fue algo que no esperaba encontrar en una moto que había elegido, fundamentalmente, con la cabeza.
3. Recorrer Argentina de extremo a extremo ya es una aventura extraordinaria, pero hacerlo contra el reloj supone llevarla a otro nivel. ¿En qué momento surgió la idea de GRIZZLY 211 y qué te llevó a pensar que era un desafío que tenías que intentar?
En realidad, esta historia comenzó hace más de 30 años.
Pero teníamos una idea particular. Queríamos combinar dos experiencias muy diferentes en un mismo viaje: primero unir Ushuaia con La Quiaca lo más rápido posible, intentando establecer un récord, y después continuar hacia Alaska a un ritmo mucho más tranquilo, disfrutando del recorrido.
Habíamos avanzado bastante con la organización, pero en aquella época falleció mi padre y eso cambió profundamente mis prioridades. La vida tomó otro rumbo y aquel proyecto quedó guardado durante muchos años.
Hasta que, hace poco, me encontré con una entrevista a Roberto Vicente Martínez, quien había establecido el récord Ushuaia–La Quiaca diez años atrás.
Al leerla, inmediatamente recordé aquel proyecto de juventud y me hice una pregunta muy sencilla: ¿y por qué no hacerlo ahora?
Lo curioso es que la idea apareció en un momento muy particular de mi vida.
Después de haber tenido algunos problemas de salud y de no encontrarme en mi mejor condición física, había decidido prepararme seriamente para volver a competir en motociclismo de velocidad con un mejor nivel.
Comencé un trabajo de entrenamiento físico muy intenso con Osmar Portilla, un preparador extraordinario, de los mejores que conozco en Argentina. Su trabajo fue fundamental para recuperar mi condición física y llevarla a un nivel muy alto.
Y fue precisamente durante ese proceso cuando reapareció la idea del récord.
Entonces empecé a pensar que hoy reunía una serie de condiciones que a los 20 años no tenía.
Tengo muchos años de experiencia conduciendo motocicletas de distintas categorías. Compito en circuitos de velocidad, practico motocross y disfruto tanto de las motos deportivas como de las de aventura. Soy ingeniero mecánico y, además, mi trabajo me permite estar permanentemente en contacto con motocicletas, fabricantes, tecnología y profesionales de la industria.
Todo ese conocimiento, sumado a una preparación física muy exigente, me daba una base muy interesante para afrontar el desafío.
Y había algo más: a los 55 años sentía que estaba alcanzando uno de mis mejores momentos físicos y deportivos.
Así que aquella pregunta empezó a convertirse en una convicción.
¿Por qué no intentarlo ahora?
Habían pasado más de tres décadas desde aquella primera idea, pero por primera vez sentía que tenía la experiencia, los conocimientos, la preparación y los recursos necesarios para convertirla en realidad.
Lo que a los 19 años había imaginado como una gran aventura, hoy podía transformarlo en un verdadero desafío deportivo, preparado con el rigor de una competición y utilizando todas las herramientas que me dan la ingeniería y la tecnología actual.
Y así nació GRIZZLY 211.
4. En 2016, Roberto Vicente Martínez estableció una marca de 74 horas y 37 minutos para unir Ushuaia y La Quiaca en motocicleta. Diez años después, te propones superar ese registro. ¿Qué te inspiró de aquella hazaña y qué crees que será determinante para conseguirlo?
Lo primero que quiero expresar es mi profundo respeto por Roberto Vicente Martínez y por lo que consiguió.
Creo que eso habla de una enorme determinación y perseverancia. Muchas veces, cuando vemos un récord, nos quedamos solamente con el resultado y no conocemos todo el esfuerzo, los intentos y las dificultades que hubo detrás.
Además, hay algo que me parece importante destacar: Roberto hizo su récord hace diez años, con otra motocicleta, otras condiciones de ruta y una tecnología completamente diferente de la que tenemos disponible hoy.
Por eso me gusta decir que Roberto Martínez hizo historia con las herramientas de su época. Yo voy a intentar escribir el siguiente capítulo con las herramientas de la nuestra.
Y cuando hablo de herramientas, no me refiero solamente a la motocicleta.
Mi manera de afrontar este récord es aplicar todos los conocimientos que adquirí durante mi vida como ingeniero y piloto de competición, y combinar esa experiencia con la tecnología actual.
En este proyecto estamos utilizando navegación GPS, comunicaciones satelitales Starlink, cámaras de monitoreo a bordo y sistemas de seguimiento en tiempo real. Pero también estamos aplicando tecnología a toda la planificación previa.
Quiero destacar especialmente una herramienta que ha sido fundamental para mí: ChatGPT, de OpenAI.
Puede parecer curioso mencionarlo en un desafío motociclista, pero la inteligencia artificial ha sido uno de mis grandes apoyos para organizar este proyecto.
Me ha permitido trabajar sobre innumerables aspectos de la preparación: analizar alternativas técnicas, organizar el recorrido, evaluar tiempos, consumos y autonomía, preparar la logística, desarrollar listas de verificación y coordinar muchísimos detalles que, de otra manera, me habrían llevado una cantidad enorme de tiempo.
Sinceramente, sin esta herramienta me habría resultado muy difícil alcanzar este nivel de preparación en el tiempo disponible. Me permitió multiplicar mi capacidad de organización y dedicar más tiempo a las decisiones, las pruebas y el entrenamiento.
Por supuesto, la tecnología no reemplaza la experiencia, el criterio ni el trabajo. Las decisiones y las responsabilidades siguen siendo mías, y cada aspecto crítico tiene que comprobarse en la práctica.
También quiero destacar el enorme aporte de los patrocinadores y colaboradores que confiaron en GRIZZLY 211. Gracias a ellos estoy utilizando equipamiento de primer nivel, tecnología muy avanzada y soluciones desarrolladas específicamente para las exigencias de este desafío. Su participación es una parte fundamental del proyecto.
Y, naturalmente, está toda mi experiencia personal: años de motociclismo, competición en velocidad, motocross, conocimientos de ingeniería y una preparación física muy exigente.
Creo que la clave para conseguir el récord estará en la combinación de todos esos factores.
No alcanza con manejar rápido. Hay que mantener un ritmo constante durante miles de kilómetros, reducir al mínimo los tiempos detenidos, gestionar correctamente el cansancio y, sobre todo, evitar que algo falle.
En una competición, podés ser el más rápido de todos, pero si no llegás a la meta, no ganaste.
En este récord sucede exactamente lo mismo.
Mi objetivo no es demostrar que puedo conducir más rápido que Roberto. Es demostrar que, diez años después, con una preparación diferente y las herramientas tecnológicas actuales, podemos intentar llevar un poco más lejos lo que él consiguió.
Y si lo logro, será también una manera de rendir homenaje a quien abrió ese camino.
5. Durante casi 4.500 kilómetros, tu compañera de viaje será una Moto Guzzi V85 TT. ¿Qué te llevó a elegir este modelo para afrontar el desafío? ¿Valoraste otras motocicletas antes de decidirte por ella?
No estaba buscando necesariamente la moto más potente, la más rápida ni la que tuviera más tecnología. Buscaba la que me ofreciera las mayores probabilidades de completar el recorrido sin problemas.
Estudié las ventajas y desventajas de cada alternativa, los posibles puntos críticos, los antecedentes de confiabilidad, la facilidad de mantenimiento, la ergonomía y el comportamiento dinámico.
Y después de todo ese análisis, ganó la Moto Guzzi V85 TT.
Hay algo que valoro mucho de esta moto: su sencillez mecánica y su robustez.
Tiene un motor refrigerado por aire, lo que elimina elementos como el radiador de refrigeración líquida, la bomba de agua y sus correspondientes circuitos. Tiene transmisión por cardán, que evita el mantenimiento periódico de una cadena y reduce la exposición de la transmisión a la tierra, el agua y los elementos del camino.
Tiene la electrónica necesaria para ofrecer seguridad y un excelente funcionamiento, pero sin una complejidad excesiva ni sistemas que, para este desafío en particular, considero superfluos.
Además, investigué mucho sobre su confiabilidad y encontré numerosas experiencias de propietarios con kilometrajes muy elevados y resultados excelentes.
También me interesó especialmente la solidez de su construcción. Tiene una parte ciclo muy bien dimensionada, una excelente capacidad para transportar equipamiento y una configuración mecánica que inspira confianza para afrontar miles de kilómetros de exigencia continua.
Y hay un detalle que me encanta: es una verdadera Moto Guzzi italiana, fabricada en Mandello del Lario, a orillas del lago de Como. Esa identidad de la marca también tiene un valor especial.
Pero la elección no se basó solamente en sus características mecánicas.
Hay un factor que considero fundamental y del que se habla poco cuando se analiza una moto para un desafío de resistencia: la fatiga del piloto.
Durante casi 4.500 kilómetros, la comodidad, la posición de conducción y la posibilidad de cambiar de postura son determinantes.
La V85 TT es muy amplia y cómoda para mí, que soy bastante alto. Tiene una posición natural y, sobre todo, es extraordinariamente fácil de conducir de pie sobre los estribos.
En mis entrenamientos de larga distancia, algunos de más de 1.400 kilómetros, he probado alternar períodos de conducción sentado con otros de pie, siempre que las condiciones del camino lo permiten. En algunos tramos puedo conducir media hora sentado y unos veinte minutos de pie. Eso me permite cambiar los puntos de apoyo, modificar la postura y evitar permanecer durante horas exactamente en la misma posición.
Y la Moto Guzzi tiene una estabilidad sorprendente en ambas situaciones.
Hay otra característica que, curiosamente, también terminó jugando a su favor: su personalidad.
No es una moto perfectamente suave ni pretende serlo. Tiene vibraciones, una respuesta de motor muy característica y un comportamiento mecánico que se siente constantemente.
Lo que para algunos podría ser un defecto, para mí también tiene su encanto. Es una moto que transmite sensaciones, que exige cierta participación del piloto y que hace que conducirla sea entretenido incluso después de muchas horas.
Eso no sustituye el descanso ni una correcta gestión del cansancio, pero sí hace que la experiencia de conducción sea mucho menos monótona.
Y cuando necesitás exigirla, responde. Tiene mucho torque, una excelente estabilidad, una parte ciclo muy equilibrada y una capacidad sorprendente para adaptarse a diferentes superficies.
En definitiva, no existe una motocicleta perfecta para todas las situaciones. Todas tienen ventajas y compromisos.
Pero después de evaluar muchas alternativas y de someter a la V85 TT a pruebas realmente exigentes, estoy convencido de que es la moto ideal para mi intento de récord.
No la elegí porque fuera una Moto Guzzi. La elegí porque, desde mi análisis de ingeniería, era la que mejor respondía a lo que necesitaba.
Y lo mejor de todo es que, después de miles de kilómetros, además de confiar plenamente en ella, cada día disfruto más conducirla.
6. Un recorrido tan exigente obliga a pensar en cada detalle. ¿Cómo estás preparando la V85 TT para la aventura y qué modificaciones o adaptaciones consideras fundamentales para afrontar tantas horas de conducción?
Para mí eso tiene mucho valor. Quiero demostrar lo que es capaz de hacer una V85 TT prácticamente de serie, sometida a una exigencia extraordinaria.
Por supuesto, un desafío de casi 4.500 kilómetros contra el reloj requiere algunas adaptaciones, pero todas tienen una finalidad concreta: mejorar la seguridad, la confiabilidad, la autonomía y reducir los tiempos de detención.
Mi filosofía de preparación fue siempre la misma: primero selecciono el producto que considero ideal para el récord y después busco quién puede patrocinarlo. Nunca al revés.
Es una diferencia muy importante. No incorporo un accesorio simplemente porque una empresa quiera proporcionármelo. Primero lo estudio, lo evalúo técnicamente y determino si realmente aporta algo al desafío. Recién entonces busco el apoyo de la marca o de un distribuidor.
Por eso cada patrocinador que participa en GRIZZLY 211 está asociado a una necesidad real del proyecto.
Adaptaciones mecánicas y protección
Una de las primeras modificaciones fue reemplazar las llantas por unas de radios periféricos, que permiten utilizar neumáticos sin cámara, como en las versiones más recientes de la V85 TT.
Esto es fundamental porque, ante un pinchazo reparable, puedo utilizar un tarugo y continuar sin necesidad de desmontar la rueda. En un récord donde cada minuto cuenta, esa diferencia puede ser determinante.
También instalé defensas de motor GIVI y protectores de manos Acerbis más rígidos. He recibido impactos de piedras en las manos durante otros viajes y sé que un pequeño incidente puede convertirse en un problema muy serio.
Otro elemento fundamental es el parabrisas alto GIVI, el más grande disponible para la moto. En la Patagonia el viento puede ser muy intenso y, después de tantas horas, la presión aerodinámica termina agotando físicamente al piloto.
Equipaje y autonomía
Para transportar todo el material elegí equipamiento GIVI, fundamentalmente por su robustez y facilidad de utilización.
Necesito soluciones confiables, que pueda abrir y cerrar rápidamente, sin perder tiempo en cada parada.
La moto lleva dos maletas laterales rígidas, destinadas exclusivamente a transportar dos bidones adicionales de combustible. También utilizo un top case para las viandas y el equipamiento de acceso frecuente, una bolsa sobredepósito de extracción rápida y un bolso expandible adicional para la bolsa de dormir y parte de la ropa.
Esto último es importante porque voy a atravesar prácticamente toda Argentina, con condiciones climáticas que pueden ir desde temperaturas de 3 grados bajo cero en el sur hasta cerca de 40 grados en el norte.
Tecnología, inteligencia artificial y comunicaciones
Esta es probablemente la parte más innovadora de la preparación.
Tengo instalada una dashcam SkyPatrol, de Thothian Vision, con dos cámaras que graban permanentemente y permiten transmitir imágenes mediante 4G o Wi-Fi.
Además, incorpora inteligencia artificial. Su sistema frontal ADAS está diseñado para detectar situaciones de riesgo, como posibles colisiones, peatones, ciclistas o salidas involuntarias de carril. También dispone de tecnología DMS para monitorear al conductor e identificar señales de fatiga o distracción, cuyas funciones estamos evaluando para su aplicación en una motocicleta.
Quería precisamente una cámara sofisticada, que pudiera registrar el recorrido y funcionar sin que yo tuviera que estar pendiente de ella. Mi trabajo durante el récord es conducir, no operar sistemas electrónicos.
La conecté a una antena Starlink Mini para poder transmitir imágenes en directo mediante internet satelital, incluso en zonas donde no exista cobertura celular convencional, siempre que las condiciones de conexión lo permitan.
La antena utiliza un soporte específico desarrollado por SkyLock y requiere una instalación eléctrica dedicada, con alimentación desde la batería y un convertidor elevador de tensión.
Además, llevo comunicaciones de respaldo mediante teléfonos de dos compañías celulares diferentes. La propia cámara dispone de conectividad móvil independiente, por lo que tenemos distintas alternativas en caso de que alguno de los sistemas de transmisión falle.
La plataforma de seguimiento: una herramienta para el público y para el piloto
Otro desarrollo fundamental es el trabajo de PamTech, responsable de la plataforma digital de GRIZZLY 211.
La página permite que los aficionados de cualquier parte del mundo puedan seguir el desafío, conocer mi ubicación, acceder a las imágenes y acompañarme virtualmente durante el recorrido.
Pero tiene otra función igual de importante: también es una herramienta de gestión del récord para mí.
La plataforma me permite analizar cómo estoy avanzando respecto del objetivo, evaluar si llevo el ritmo previsto, si estoy perdiendo tiempo y si necesito ajustar la estrategia.
Es decir, no solamente estamos mostrando lo que ocurre: también estamos utilizando la información del recorrido para tomar mejores decisiones.
Este trabajo es extraordinariamente importante porque convierte la información del viaje en una herramienta de análisis deportivo.
Me gustaría destacar especialmente el aporte de PamTech y de Thothian Vision, porque entre ambos desarrollos estamos creando una experiencia muy diferente de la de un viaje tradicional.
Confiabilidad y preparación mecánica
A pesar de toda esta tecnología, la mecánica de la Moto Guzzi permanece esencialmente original.
No he modificado el motor ni buscado aumentar su potencia. No creo que sea necesario. Lo fundamental es que funcione perfectamente durante todo el recorrido.
Como compré la motocicleta usada, aunque tenía apenas 8.000 kilómetros, realicé una revisión extraordinariamente profunda, incluyendo inyección, electrónica, mantenimiento mecánico y controles generales.
Antes de iniciar el desafío volveré a realizar un servicio completo, con reemplazo de aceites, filtros, fluidos y una nueva inspección integral.
Y, por supuesto, todo el equipamiento se somete a pruebas reales. He realizado jornadas de más de 1.400 kilómetros, con lluvia intensa, viento, conducción nocturna y muchas horas consecutivas sobre la moto.
Estas pruebas permiten descubrir cosas que nunca aparecerían en un análisis teórico.
El valor de los patrocinadores
Quiero agradecer especialmente a todas las empresas que confiaron en este proyecto.
GIVI, Acerbis, Nexx, Carpuride, Thothian Vision, SkyLock, PamTech, Pampa Power, Diamond Care Detailing, MM Competición, GEVE, Tech Energy, NC Nano Comunicaciones y los demás colaboradores no están simplemente aportando productos o servicios. Están permitiendo que incorpore soluciones concretas para afrontar un desafío deportivo muy exigente.
Y eso es algo que valoro muchísimo, porque la confiabilidad del equipamiento puede ser tan importante como la del propio motor.
En definitiva, mi objetivo es que cada elemento funcione perfectamente y que yo pueda concentrarme exclusivamente en conducir.
No estoy preparando una moto para que parezca una máquina de récord. Estoy preparando una Moto Guzzi de serie para que tenga las mayores posibilidades de conseguirlo.
Y si finalmente lo logramos, quiero que también sea una demostración de lo que puede conseguirse combinando una motocicleta extraordinaria, una buena preparación de ingeniería y la tecnología actual.
7. Un desafío de estas características no depende únicamente de la moto. ¿Cómo te estás preparando física y mentalmente para soportar tantas horas de conducción, el cansancio y las posibles adversidades?
Desde el principio tuve claro que no podía afrontar un desafío de esta magnitud solamente con experiencia y ganas. Tenía que prepararme físicamente como lo haría para una competición deportiva de alto nivel.
Hace aproximadamente un año y medio que trabajo con Osmar Portilla, a quien considero uno de los mejores preparadores físicos de Argentina.
El cambio que he conseguido durante este tiempo ha sido extraordinario. Mi condición física, mi resistencia y mi rendimiento deportivo han mejorado de una manera que incluso a mí me sorprende.
Osmar también se ocupa de mi preparación nutricional, que considero fundamental. No se trata solamente de estar fuerte o tener resistencia, sino de alimentar correctamente el cuerpo para sostener el esfuerzo, recuperarse y mantener un buen rendimiento durante muchas horas.
Entreno en el gimnasio, camino aproximadamente una hora todos los días y, además, intento pasar la mayor cantidad de tiempo posible sobre una motocicleta.
Esto último es algo que considero especialmente importante.
Prácticamente el 90% de mis desplazamientos cotidianos los hago en moto. Siempre que puedo voy a trabajar en motocicleta, independientemente del modelo que utilice.
Creo que cada kilómetro suma experiencia. Estar permanentemente sobre dos ruedas mantiene activos los reflejos, la coordinación, las reacciones y la capacidad de interpretar lo que sucede alrededor.
Pero también hay una preparación específica de conducción.
Entreno motocross con Marcos Trosero, una disciplina extraordinariamente exigente desde el punto de vista físico y técnico. El motocross desarrolla el equilibrio, el control de la moto, la coordinación y la capacidad de reaccionar ante situaciones imprevistas, especialmente cuando el terreno se complica.
También practico motociclismo de velocidad en circuito y, siempre que puedo, entreno con Diego Pierluigi, uno de los grandes referentes del motociclismo deportivo argentino y un entrenador extraordinario.
La velocidad en circuito te enseña precisión, concentración, control, anticipación y una enorme disciplina en la conducción.
Y acá hay un concepto que considero fundamental para este récord.
Mi objetivo es tener un nivel de conducción muy superior al que necesito para mantener el ritmo previsto durante el desafío.
¿Por qué? Porque después de muchas horas sobre la moto, inevitablemente aparece el cansancio. Y cuando el rendimiento físico comienza a disminuir, es importantísimo contar con una técnica de conducción muy desarrollada.
Cuanto más alto sea tu nivel habitual, mayor será el margen de seguridad que tengas disponible ante situaciones exigentes.
Esto no significa que pueda ignorar el cansancio. La fatiga afecta los reflejos, la atención y la capacidad de tomar decisiones, y hay que saber reconocer cuándo corresponde detenerse y descansar.
Por eso también estoy realizando entrenamientos específicos de larga distancia, con jornadas de más de 1.400 kilómetros, donde puedo evaluar cómo responde mi cuerpo, cómo evoluciona la concentración y qué aspectos necesito mejorar.
En esas pruebas he conducido con lluvia intensa, viento, frío y durante muchas horas de noche. Son experiencias fundamentales para conocer mis propias limitaciones y aprender a administrar el esfuerzo.
La preparación también incluyó chequeos médicos completos. Incluso decidí operarme para solucionar algunas molestias físicas que, aunque no eran graves, podían convertirse en un problema después de tantas horas de conducción.
No quería llegar al momento del récord con ninguna cuestión física pendiente que pudiera haber resuelto durante la preparación.
En cuanto a la parte mental, creo que mi experiencia en competición es una ventaja importante.
Cuando corrés en circuito aprendés que la concentración, la disciplina y la capacidad de mantener la calma son tan importantes como la velocidad.
Un error de concentración puede arruinar una carrera. Y en un desafío de resistencia de casi 4.500 kilómetros, mantener una buena capacidad de decisión durante tantas horas es todavía más importante.
Por eso estoy trabajando muchísimo para llegar en las mejores condiciones posibles, tanto física como mentalmente.
No quiero enfrentarme al récord para descubrir cuáles son mis límites. Quiero haberlos estudiado, entrenado y conocido antes de llegar a la línea de salida.
Tengo 55 años y probablemente hoy esté en uno de los mejores momentos de preparación física y deportiva de mi vida.
Y eso me da una enorme satisfacción, independientemente del resultado final del desafío.
Porque GRIZZLY 211 ya me ha permitido conseguir algo muy importante: demostrarme que, con disciplina, entrenamiento y objetivos claros, todavía puedo seguir mejorando como deportista y como piloto.
8. Argentina ofrece paisajes espectaculares, pero también enormes distancias y condiciones meteorológicas muy cambiantes. ¿Cuáles crees que serán los tramos más complicados y qué factores podrían poner en peligro el objetivo?
Analicé los recorridos, los tiempos, las dificultades que habían encontrado otros pilotos y, especialmente, dónde se había perdido tiempo y dónde existían oportunidades de mejorar.
Ese trabajo fue fundamental para diseñar mi estrategia. Porque este récord no se gana solamente conduciendo rápido. Se consigue manteniendo un ritmo sostenido durante casi 4.500 kilómetros, administrando correctamente el esfuerzo y evitando perder tiempo innecesariamente.
Dividí el recorrido en tres grandes etapas, cada una con dificultades muy diferentes.
El primer día probablemente sea el más complicado desde el punto de vista de la geografía, el clima y la logística.
Tengo previsto salir de Ushuaia alrededor de las cuatro de la madrugada. Poco después debo atravesar el paso Garibaldi, un tramo de montaña donde las temperaturas pueden ser extremadamente bajas y existe el riesgo de encontrar hielo, incluso el peligroso hielo negro sobre el asfalto.
En esa zona no hay margen para equivocarse. Si las condiciones son complicadas, hay que reducir muchísimo la velocidad y atravesarlo con toda la precaución necesaria.
Después vienen los cruces fronterizos entre Argentina y Chile, el transbordador del estrecho de Magallanes y nuevamente los trámites de frontera para regresar a Argentina.
Son situaciones en las que el piloto no controla completamente los tiempos. Puede haber esperas, demoras y trámites que alteren el ritmo previsto.
Y una vez superada Tierra del Fuego, aparece otro gran protagonista: el viento patagónico.
En el sur argentino son habituales los vientos muy fuertes, con velocidades que pueden alcanzar los 40, 60 e incluso 80 kilómetros por hora o más.
Conducir una motocicleta cargada durante horas con viento lateral es físicamente exigente y requiere muchísima concentración.
Espero encontrar una ventana meteorológica favorable, porque el viento puede ser uno de los factores determinantes del resultado.
Y todo eso sucede durante una primera jornada de aproximadamente 1.300 kilómetros.
El segundo día es, desde mi punto de vista, donde realmente se construye el récord.
Es la etapa más larga: aproximadamente 1.800 kilómetros.
La ventaja es que buena parte del recorrido atraviesa zonas de rutas más rectas y una geografía menos complicada que la del extremo sur.
Además, una parte importante pasa por La Pampa, mi provincia natal.
Ahí tengo una ventaja personal: conozco muy bien las rutas, la geografía, las condiciones habituales, los horarios y hasta los sectores donde hay que prestar especial atención a la presencia de animales.
Es una región en la que me siento como en casa.
Pero 1.800 kilómetros siguen siendo una distancia extraordinaria. El desafío es sostener un ritmo constante durante muchísimas horas sin cometer errores y sin permitir que el cansancio comprometa la conducción.
El tercer día es probablemente el más exigente desde el punto de vista físico y mental.
Para entonces llevaré acumulados miles de kilómetros y dos jornadas de esfuerzo muy intenso.
A medida que avance hacia el norte, las temperaturas irán aumentando. Puedo comenzar el desafío con temperaturas bajo cero en Tierra del Fuego y terminar encontrando temperaturas cercanas a los 40 grados en el norte argentino.
También cambia la geografía: aparecen sectores más sinuosos, caminos de montaña y, finalmente, la subida hacia La Quiaca, situada a unos 3.400 metros sobre el nivel del mar.
La altura puede convertirse en otro factor importante, especialmente después de tantos kilómetros y con el cansancio acumulado.
Es posible que la emoción de estar cerca de la meta aporte motivación, pero tengo muy claro que eso no elimina los efectos de la fatiga.
En esa última etapa van a ser determinantes mi preparación física, la concentración y la capacidad de administrar correctamente las energías.
Ahí el protagonismo ya no será tanto de la motocicleta, sino del piloto.
Hay otro aspecto fundamental del récord que preparé hasta el último detalle: la alimentación y la organización de las paradas.
Trabajo con mi preparador físico y nutricionista, Osmar Portilla, en un plan específico para sostener el esfuerzo durante los tres días.
No voy a depender de encontrar restaurantes o lugares donde comprar comida. Llevaré todas mis raciones preparadas y organizadas previamente.
Cada parada tiene su propia bolsa de alimentación, identificada con un número y con los alimentos correspondientes a ese momento del recorrido.
Bolsa 1, bolsa 2, bolsa 3, y así sucesivamente.
Todo está pensado para simplificar las decisiones durante el viaje, mantener una alimentación adecuada y evitar pérdidas de tiempo.
Lo mismo sucede con el combustible.
La Moto Guzzi tiene una autonomía muy interesante y además llevo dos bidones adicionales de ocho litros cada uno, lo que me permite ampliar considerablemente el alcance y elegir estratégicamente dónde detenerme a repostar.
Mi planificación contempla paradas breves aproximadamente cada 200 kilómetros, normalmente de entre 5 y 15 minutos, según la necesidad de cada momento, además de los descansos mayores previstos.
Esas pequeñas pausas son muy importantes. No solamente sirven para alimentarme o realizar alguna tarea: también permiten bajar de la moto, mover el cuerpo, relajarme y recuperar un poco la concentración.
Naturalmente, si las condiciones físicas o meteorológicas lo requieren, habrá que modificar los tiempos y descansar lo necesario. Ningún récord justifica comprometer la seguridad.
Creo que el verdadero secreto de este desafío no será alcanzar velocidades extraordinarias, sino conseguir que todo funcione de manera extraordinariamente constante.
La moto, el piloto, la alimentación, la navegación, las comunicaciones, los descansos y cada parada forman parte de un mismo sistema.
Y ahí es donde aplico mi experiencia como ingeniero y piloto de competición: estudiar cada variable, preparar todas las alternativas posibles y llegar al momento de la salida con la menor cantidad de incertidumbres.
Porque en casi 4.500 kilómetros pueden pasar muchísimas cosas.
Mi trabajo durante estos meses ha sido prepararme para que la mayor cantidad posible de esas cosas ya estén previstas antes de que ocurran.
9. Una de las particularidades de GRIZZLY 211 es que los aficionados podrán acompañarte virtualmente gracias a Starlink, las cámaras a bordo y el seguimiento GPS. ¿Cómo será esa experiencia y qué podrán ver quienes sigan tu aventura desde España?
Originalmente, decidí instalar las cámaras por una necesidad técnica. Quería disponer de un sistema que permitiera registrar el intento de récord, documentar lo que sucediera durante el recorrido y contar con información que ayudara a validar el desafío.
Pero durante las primeras pruebas ocurrió algo que cambió completamente mi manera de ver el proyecto.
Toda mi vida he viajado solo en moto. También compito solo cuando estoy en un circuito. Estoy acostumbrado a esa relación tan particular que existe entre el piloto, su motocicleta y el camino.
En una de las primeras pruebas del sistema de transmisión, David, el responsable del desarrollo tecnológico, y su equipo comenzaron a seguirme desde el centro de monitoreo.
Yo iba conduciendo, como siempre. No podía verlos ni escucharlos, pero sabía que estaban ahí, acompañando el recorrido a través de las cámaras.
Y fue una sensación muy particular. Por primera vez, de alguna manera, sentí que no estaba viajando completamente solo.
Cuando terminé aquella prueba, fui a encontrarme con David y su equipo. Yo estaba muy interesado en saber si la tecnología había funcionado correctamente, si la transmisión había sido estable y si las imágenes se habían registrado bien.
Pero me encontré con algo que no esperaba.
¡Ellos estaban incluso más entusiasmados que yo!
Comenzaron a contarme detalles del recorrido, a hablar de lo que habían visto, a hacerme preguntas sobre determinadas situaciones del camino. Estaban realmente emocionados, como si hubieran estado sentados sobre la moto conmigo.
Y en ese momento comprendí algo extraordinario.
Ellos no solamente habían observado mi viaje. Lo habían vivido conmigo.
Ahí nació una idea que hoy es una parte fundamental de GRIZZLY 211.
¿Por qué limitar esa experiencia a un pequeño grupo de personas? ¿Por qué no permitir que miles de motociclistas, apasionados por las motos, los viajes y las grandes aventuras, puedan vivir el intento de récord conmigo?
Y eso es precisamente lo que queremos conseguir.
Gracias a las cámaras de Thothian Vision, la conectividad satelital Starlink y la plataforma desarrollada por PamTech, cualquier persona podrá ingresar a nuestra página y acompañarme virtualmente durante los casi 4.500 kilómetros que separan Ushuaia de La Quiaca.
Podrán seguir mi ubicación mediante GPS, ver las cámaras en vivo transmitidas desde la moto cuando haya conectividad y consultar los datos del recorrido.
También podrán observar cómo voy avanzando respecto del tiempo del récord, si estoy cumpliendo los objetivos de cada etapa, si estoy recuperando tiempo o si las dificultades del camino me están haciendo perder ritmo.
Pero hay algo que me parece todavía más interesante.
No estamos preparando un documental editado ni un video con los mejores momentos de un viaje. Estamos invitando al público a presenciar una competición real, mientras está sucediendo.
No sabemos exactamente qué va a pasar.
Puede haber viento, lluvia, demoras en los cruces fronterizos, dificultades inesperadas o momentos en los que consigamos recuperar tiempo. Todo formará parte de la experiencia real.
Y el desafío durará aproximadamente tres días.
Eso permite que cada persona participe a su manera. Alguien podrá conectarse desde España por la mañana, ver dónde estoy, acompañarme durante un tramo, continuar con sus actividades y volver unas horas después para descubrir cuánto hemos avanzado.
Imagino a los aficionados siguiendo los tiempos, haciendo sus propios cálculos, compartiendo el desafío con amigos y preguntándose si finalmente conseguiremos superar el récord.
Y a medida que nos acerquemos a La Quiaca, si estamos dentro del tiempo necesario para conseguirlo, creo que la emoción puede ser extraordinaria.
Me encantaría que miles de personas estuvieran pendientes de esos últimos kilómetros, viviendo la incertidumbre del resultado prácticamente al mismo tiempo que yo.
La tecnología tiene sus limitaciones y habrá momentos en los que la conectividad no permita transmitir, pero hemos preparado diferentes sistemas y comunicaciones de respaldo para ofrecer la mayor continuidad posible.
Para mí, lo más importante es que esta experiencia pueda unir a personas de distintos países alrededor de una misma pasión.
Yo voy a estar físicamente solo sobre la Moto Guzzi, concentrado en conducir y cumplir el objetivo. Pero saber que hay miles de personas acompañándome desde distintos lugares del mundo le da al desafío una dimensión completamente diferente.
Y me haría especial ilusión que los aficionados españoles a las motos formen parte de esta experiencia.
Que puedan ver lo que está viviendo una V85 TT italiana mientras atraviesa Argentina de extremo a extremo, enfrentándose a uno de los desafíos de resistencia más exigentes que me he propuesto.
No quiero que simplemente vean si consigo un récord.
Quiero que vivan el intento conmigo. Que compartan las dificultades, la incertidumbre, el esfuerzo y, si tenemos éxito, también la alegría de llegar a la meta.
Por eso nuestro lema tiene un significado muy especial para mí:
«El récord tiene un copiloto. Eres tú».
Y esta vez quiero que sea literalmente así.
Pueden acompañarnos desde cualquier lugar del mundo en:
https://grizzly.thothianvision.com/
10. Aunque serás tú quien vaya sobre la moto, detrás de GRIZZLY 211 hay un trabajo que muchas veces pasa desapercibido. ¿Quiénes te acompañan en esta aventura y qué importancia tiene para ti contar con ese apoyo?
Y no me refiero solamente a los patrocinadores, que por supuesto tienen una importancia enorme. Hay toda una red de personas que me acompañan desde distintos lugares, aportando conocimientos, trabajo, tiempo y, sobre todo, entusiasmo.
En primer lugar está mi familia, que es uno de los apoyos más importantes que tengo.
Mis hijos, que me alientan muchísimo y siguen con entusiasmo cada avance del proyecto; mi novia, que me acompaña y me contiene durante toda esta preparación; mi familia y mis amigos, tanto los que comparten mi pasión por las motos como aquellos que no tienen ninguna relación con el motociclismo, pero que igualmente se entusiasman y me apoyan.
Esa contención afectiva es fundamental. Porque detrás de la preparación deportiva y tecnológica también hay una persona que tiene su trabajo, su familia, sus responsabilidades y su vida cotidiana.
Preparar un desafío de esta magnitud exige muchísimo tiempo, esfuerzo y constancia. Hay momentos de cansancio, dificultades y decisiones complicadas. Y saber que tenés cerca personas que te quieren, que confían en vos y que te acompañan hace una diferencia enorme.
A veces una palabra de aliento, una conversación o simplemente sentir que están ahí tiene tanto valor como cualquier ayuda técnica.
En definitiva, no se trata solamente de tener un equipo que me ayude a conseguir un récord, sino de contar con personas que me acompañan y me sostienen durante todo el camino para intentarlo.
Después están mis entrenadores. Osmar Portilla, que lleva más de un año y medio trabajando conmigo en la preparación física y nutricional; Marcos Trosero, con quien entreno motocross; y Diego Pierluigi, que me ayuda a perfeccionar mi conducción deportiva en circuito.
También tengo la suerte de contar con grandes amigos y pilotos experimentados que me aconsejan y comparten sus conocimientos.
Cada uno aporta algo diferente, pero todos tienen un objetivo común: ayudarme a llegar al momento del récord en las mejores condiciones posibles.
Otro apoyo muy importante viene de mi entorno profesional.
Soy gerente de Ingeniería de Grupo Simpa y tengo responsabilidades que debo seguir atendiendo mientras preparo el desafío.
Quiero mencionar especialmente a Miguel Schwartz, uno de los propietarios de la empresa, que siempre me apoya y me alienta con esta locura, como también lo hacen mis jefes y mis compañeros de trabajo.
Eso tiene muchísimo valor para mí, porque organizar GRIZZLY 211 requiere una cantidad enorme de tiempo y energía.
Hay que trabajar, entrenar, preparar la moto, probar el equipamiento, planificar la logística, coordinar con los patrocinadores y resolver continuamente nuevos detalles.
Y después está todo el equipo tecnológico, que merece un reconocimiento especial.
Lo que estamos desarrollando no consiste simplemente en colocar una cámara sobre una motocicleta y transmitir por internet.
Es un sistema bastante complejo, que integra cámaras inteligentes, comunicaciones satelitales, conectividad celular, seguimiento GPS, transmisión de video y una plataforma que procesa información para que tanto el público como yo podamos seguir la evolución del intento de récord.
Maxi y su equipo de Thothian Vision están realizando un trabajo extraordinario con la tecnología de monitoreo, mientras que David con PamTech ha desarrollado la plataforma digital que permite transformar toda esa información en una experiencia accesible para los espectadores y en una herramienta de seguimiento del récord.
Detrás de lo que el público verá en su pantalla hay muchísimas horas de desarrollo, pruebas, ajustes y trabajo de profesionales que están poniendo sus conocimientos al servicio del proyecto.
También están los patrocinadores, que confiaron en la propuesta y que aportan equipamiento, tecnología, servicios y recursos fundamentales.
Y quiero destacar algo que me está sorprendiendo mucho: el entusiasmo de las personas que se van sumando.
Lo que inicialmente era un desafío personal está empezando a convertirse en un proyecto que muchas personas sienten también como propio.
Eso es extraordinariamente motivador.
Porque, aunque tengo experiencia como piloto y conocimientos de ingeniería, un desafío de esta magnitud tiene tantas variables que sería muy difícil llevarlo adelante sin toda esa colaboración.
Y hay otra cuestión: la constancia.
Preparar un récord no significa trabajar intensamente unos días. Significa sostener durante meses el entrenamiento físico, las pruebas, la planificación y la preparación técnica, mientras la vida cotidiana continúa.
Hay días en los que uno está cansado, aparecen dificultades o simplemente faltan horas para hacer todo lo que hay que hacer.
En esos momentos, saber que hay personas que confían en vos, que te ayudan y que se entusiasman con cada avance es una motivación enorme.
Siempre fui bastante independiente con las motos. Estoy acostumbrado a viajar solo y a competir solo.
Pero este proyecto me está mostrando otra dimensión del motociclismo: la cantidad de personas que pueden unirse alrededor de una misma pasión.
El día que salga de Ushuaia voy a estar solo sobre la Moto Guzzi, pero voy a llevar conmigo el trabajo, la confianza y el entusiasmo de muchísima gente.
Y si conseguimos el récord, el mérito no será solamente mío.
Será también de todas esas personas que hicieron posible que pudiera llegar a la línea de salida con una preparación de este nivel.
Eso es algo que tengo muy presente y que agradezco profundamente.
11. Todos los motoristas tenemos alguna manía, confesable o no, antes de salir de viaje. ¿Cuál es la tuya? ¿Hay algún ritual o amuleto que vaya a acompañarte durante GRIZZLY 211?
Soy ingeniero y piloto de competición, y prefiero confiar en la preparación, el entrenamiento, el conocimiento y el trabajo.
Recuerdo una frase que le escuché a Roberto De Vicenzo, un extraordinario golfista argentino. Un periodista le preguntó por la suerte que tenía y él respondió algo así como: «Cuanto más entreno, más suerte tengo».
Me encanta esa filosofía, porque refleja exactamente lo que pienso.
En cualquier competición pueden pasar cosas que uno no controla. Podés prepararte durante meses, hacer todo perfectamente y que una circunstancia inesperada te impida conseguir el resultado.
Por eso creo que la verdadera batalla se gana durante la preparación.
Cuando llegás a la línea de salida sabiendo que hiciste absolutamente todo lo que estaba a tu alcance, que no dejaste nada librado al azar y que te preparaste de la mejor manera posible, en cierto sentido ya ganaste.
Después, naturalmente, quiero conseguir el récord. ¡Para eso me estoy preparando!
Pero el resultado no puede borrar todo el trabajo realizado, los conocimientos adquiridos ni lo que conseguí mejorar como deportista durante este proceso.
Así que no voy a llevar ningún amuleto ni tengo un ritual especial antes de salir.
Aunque pensándolo bien, hay algo que sí tiene un significado muy personal para mí: el nombre GRIZZLY 211.
La historia es bastante divertida.
Soy una persona grande, físicamente corpulenta, y algunos amigos comenzaron a bromear diciendo que, cuando me veían arriba de la moto, parecía un oso.
Cuando tuve que elegir un nombre para el proyecto, me acordé de esos comentarios y pensé en un oso grizzly. Me pareció perfecto: un animal fuerte, resistente y acostumbrado a condiciones extremas.
Pero el número 211 tiene una historia mucho más personal.
Mi padre, cuando competía en automovilismo, utilizaba el número 111.
Muchos años después, cuando comencé a correr en motociclismo de velocidad, elegí el 211 como mi número de competición.
Y cuando nació este proyecto decidí mantenerlo.
Así apareció GRIZZLY 211.
Por eso, aunque no soy supersticioso, el nombre tiene para mí un valor especial. De alguna manera, une mi historia como motociclista con la pasión por los motores que heredé de mi padre.
No llevo un amuleto para que me dé suerte. Llevo un nombre que me recuerda de dónde vengo y todo el camino que recorrí para llegar hasta acá.
Y eso, para mí, vale mucho más que cualquier cábala.
12. Para terminar, ¿qué mensaje te gustaría enviar a los guzzistas españoles que estarán pendientes de tu desafío y que, como dice el lema de GRIZZLY 211, podrán convertirse en tus copilotos virtuales?
Lo primero que quiero hacer es agradecerles el interés y el entusiasmo por este desafío. Para mí es una alegría enorme que motociclistas de España, a miles de kilómetros de Argentina, quieran acompañarme en esta aventura.
Creo que los motociclistas tenemos algo muy especial. No importa de qué país seamos, qué moto tengamos o qué idioma hablemos. Cuando encontramos a alguien que comparte nuestra pasión por las dos ruedas, inmediatamente tenemos algo en común.
Y con España tenemos además una conexión muy cercana, por nuestra historia, nuestro idioma y nuestra manera de vivir esta pasión.
Me encanta pensar que una Moto Guzzi nacida a orillas del lago de Como, conducida por un argentino, pueda reunir a miles de motociclistas españoles y de otros lugares del mundo alrededor de un mismo desafío.
La tecnología nos permite hacer algo que hace apenas unos años hubiera sido muy difícil de imaginar: quiero invitarlos a subirse virtualmente a mi moto y acompañarme durante toda esta aventura.
Y cuando digo toda, me refiero a toda.
No solamente durante el intento de récord.
Quiero que puedan acompañarme desde que salga de Buenos Aires rumbo a Ushuaia, durante el viaje previo, los últimos preparativos, la largada, los casi 4.500 kilómetros contra el reloj y también durante el regreso a casa.
Quiero compartir con ustedes el viaje completo.
Y hay algo que hace que esta experiencia sea muy particular: esto es real, sucede en vivo y no hay edición.
No estamos mostrando un viaje que ya hicimos ni una película donde conocemos el final.
No sé qué va a pasar.
Me estoy preparando de la mejor manera posible, dedicando muchísimo esfuerzo, entrenamiento, ingeniería y tecnología para tener las mayores posibilidades de conseguir el récord.
Pero una vez que salga de Ushuaia, el resultado estará abierto.
Habrá momentos buenos, dificultades, cansancio, cambios de clima, paisajes espectaculares y seguramente situaciones que hoy ni siquiera podemos imaginar.
Y me encantaría que ustedes pudieran vivir todo eso conmigo.
No hace falta que estén conectados durante horas. Pueden entrar a nuestra plataforma cuando tengan ganas, ver dónde estamos, mirar las cámaras en directo cuando haya conexión, comprobar cómo llevamos el ritmo y descubrir qué está sucediendo.
Después pueden seguir con su día y volver más tarde. Tal vez hayamos recorrido otros 500 kilómetros, hayamos atravesado una tormenta o estemos recuperando tiempo respecto del récord.
Creo que puede ser una experiencia muy emocionante para todos los que disfrutamos de las motos, los viajes y las competiciones.
Y si las cosas vienen bien, me imagino los últimos kilómetros hacia La Quiaca, con miles de personas siguiendo el recorrido desde sus casas, preguntándose si vamos a conseguirlo.
Sería extraordinario poder compartir ese momento con todos ustedes.
Siempre viajé solo en moto, pero esta vez me gustaría viajar acompañado por miles de copilotos.
Los invito a conocer Argentina desde el asiento de una Moto Guzzi V85 TT, a descubrir sus paisajes, sus enormes distancias y sus contrastes, desde los fríos caminos de Tierra del Fuego hasta las montañas del norte.
Y, sobre todo, los invito a compartir una experiencia auténtica, con toda la emoción y la incertidumbre de una competición real.
No puedo prometerles que voy a conseguir el récord. Lo que sí puedo prometerles es que voy a dar lo mejor de mí para intentarlo.
Y sería maravilloso que, cuando llegue a La Quiaca, cualquiera que haya seguido esta aventura pueda sentir que también formó parte de ella.
Nos vemos en la ruta. Yo pongo la moto, la preparación y las ganas. Ustedes solamente tienen que acompañarme.
Despedida y cierre.