GRIZZLY 211: 4.500 kilómetros, una Moto Guzzi V85 TT y un desafío contra el reloj

 

Desde Ushuaia, en el extremo sur de Argentina, hasta La Quiaca, junto a la frontera con Bolivia. Cerca de 4.500 kilómetros atravesando prácticamente todo un país, con un objetivo: superar el récord de 74 horas y 37 minutos establecido hace una década.

Ese es el desafío que se ha propuesto Ramiro Vergez Kenny, un ingeniero mecánico y piloto argentino de 55 años que ha decidido afrontar esta aventura a los mandos de una Moto Guzzi V85 TT.

Bajo el nombre de GRIZZLY 211, Ramiro lleva meses preparando un intento en el que la resistencia física, la planificación, la mecánica y la capacidad de afrontar los imprevistos serán tan importantes como los kilómetros recorridos.

Pero hay algo más que hace especialmente interesante este proyecto: gracias a un sistema de cámaras y seguimiento en directo, los aficionados podremos acompañarlo virtualmente durante el recorrido y vivir con él la incertidumbre de una aventura cuyo desenlace todavía está por escribir.

Desde el España Moto Guzzi Club hemos tenido la oportunidad de conversar con Ramiro para conocer su historia, descubrir por qué ha elegido una V85 TT, cómo está preparando este exigente desafío y qué se esconde detrás de GRIZZLY 211.

1. Ramiro, antes de hablar de GRIZZLY 211, nos gustaría conocer un poco mejor a la persona que hay detrás de esta aventura. ¿Quién es Ramiro Vergez Kenny y cómo nació su pasión por las motocicletas?

Nací en Santa Rosa, en la provincia de La Pampa, Argentina. Mi pasión por las motos comenzó muy temprano, a los nueve años, en el campo de mis padres, donde pasábamos los veranos y muchos fines de semana.

Allí había una pequeña Zanella de 50 cc, una Zanellita con cambios en el puño, que fue mi primera moto. También había un Fiat 600 que había pertenecido a mi madre. Con los dos empecé a descubrir ese mundo de los motores y la mecánica que terminaría marcando mi vida.

Mi padre era un apasionado de los automóviles y corría como aficionado en Turismo Nacional, una categoría argentina que por entonces todavía disputaba carreras en ruta. Aunque al principio no era muy amante de las motos, compartíamos esa pasión por los fierros.

Cuando tenía unos 13 o 14 años me compró una Kawasaki 125 Enduro para andar por el campo. Poco después, él descubrió que recorrerlo en moto era una buena alternativa a hacerlo a caballo, así que se compró una Suzuki 175 de dos tiempos y empezamos a salir juntos.

A los 15 o 16 años, cuando obtuve el permiso de conducir, llevé mi Kawasaki a Santa Rosa. Recuerdo perfectamente la sensación de manejar por primera vez una moto sobre el asfalto. Fue increíble. Ahí descubrí otra pasión que me acompaña hasta hoy: la velocidad.

En el campo también nació mi vocación por la ingeniería. Si una moto se rompía, tenía que arreglarla yo mismo porque no había nadie cerca que pudiera hacerlo. Empecé desarmando carburadores, cometiendo errores y aprendiendo a repararlas. No sabía nada de mecánica, pero tenía mucha curiosidad y ganas de seguir andando.

Más adelante me mudé a Buenos Aires para estudiar Ingeniería Mecánica. Durante algunos años estuve alejado de las motos, hasta que regresé con una Honda CBR 600 y empecé a interesarme por la conducción deportiva en circuito. Hice cursos de pilotaje y conocí a grandes pilotos que me ayudaron a mejorar, entre ellos Armando Colomo, que sigue aconsejándome incluso para este desafío.

Con los años llegaron otras motos, como una Kawasaki ZX-10, y también la competición. Aquella pasión de niño terminó convirtiéndose en mi profesión. Hoy soy gerente de Ingeniería de Grupo Simpa, una empresa argentina que trabaja con numerosas marcas internacionales de motocicletas, tanto en fabricación y ensamblaje como en comercialización.

Tengo 55 años y las motos siguen ocupando una parte fundamental de mi vida. Uso una Royal Enfield Continental GT 650 para moverme a diario, practico motocross y compito en campeonatos provinciales y nacionales de velocidad con una Aprilia RS 660.

Ahora estoy preparando GRIZZLY 211 sobre una Moto Guzzi V85 TT, un desafío de resistencia que reúne muchas de mis aficiones: las motocicletas, la ingeniería, la competición y los grandes viajes.

En definitiva, sigo siendo aquel chico de nueve años que se subía a una Zanellita en el campo de La Pampa. Solo que ahora las motos son un poco más grandes y los desafíos también.

2. ¿Cómo empezó tu historia con Moto Guzzi? ¿Qué te atrajo de sus motos y qué sensaciones te transmite conducir una de ellas?

Mi historia con Moto Guzzi comenzó de una manera bastante particular. Cuando decidí intentar el récord Ushuaia–La Quiaca, tenía claro que la elección de la moto no podía ser emocional ni improvisada. Tenía que ser una decisión de ingeniería.

Por mi trabajo tengo contacto con muchas marcas y modelos de motocicletas y, además, como piloto de velocidad, estoy acostumbrado a preparar cada competición pensando en la confiabilidad de todos los elementos. En una carrera podés ser el más rápido, pero si algo falla y no llegás a la bandera a cuadros, todo el esfuerzo anterior pierde sentido.

Con un récord de resistencia sucede lo mismo. Son casi 4.500 kilómetros y cualquier problema mecánico puede impedir alcanzar el objetivo, incluso cuando ya estás cerca de la meta.

Así que empecé a estudiar distintas motocicletas, analizando sus características, ventajas y posibles puntos críticos. Después de todo ese análisis, la elegida fue la Moto Guzzi V85 TT.

Busqué específicamente una de la generación 2020, con homologación Euro 4, y encontré una unidad prácticamente nueva, con apenas 8.000 kilómetros, en color Giallo Sahara, que me parece espectacular.

Desde el punto de vista técnico, encontré una combinación muy interesante: motor refrigerado por aire, transmisión por cardán, construcción robusta, buena capacidad de carga y una posición de conducción muy cómoda para mi altura. Todo eso reducía algunos posibles puntos de fallo y me daba confianza para afrontar el recorrido.

Pero lo más interesante vino después, cuando empecé a manejarla. La verdad es que me llevé una sorpresa enorme.

He manejado muchísimas motos de diferentes categorías y puedo decir que la V85 TT tiene una personalidad muy especial. Cuando viajás tranquilo, es una gran trail, cómoda, estable y agradable. Pero cuando empezás a exigirla, aparece un comportamiento sorprendentemente deportivo.

Tiene mucho torque, una respuesta contundente y una parte ciclo que me impresionó. Frena muy bien, entra en las curvas con facilidad y permite inclinar con confianza. Por momentos, su agilidad me recuerda a una supermotard.

Al mismo tiempo, tiene algo de moto de enduro. Es fácil de controlar de pie sobre los estribos, se desenvuelve bien en caminos deteriorados y transmite una sensación de robustez que inspira confianza.

Lo que más me sorprende es su versatilidad. Puede viajar durante horas por una buena carretera y seguir comportándose muy bien cuando el pavimento empeora. Además, es amplia, cómoda para mi altura y mantiene una buena estabilidad incluso con todo el equipamiento que necesito transportar.

Creo que eso es lo que terminó conquistándome de Moto Guzzi. No necesita impresionar con grandes cifras de potencia ni con una tecnología especialmente sofisticada. Su valor está en el equilibrio del conjunto y en las sensaciones que transmite al conducirla.

La elegí por sus cualidades técnicas y por la confianza que me inspiraba para afrontar el récord. Pero después de manejarla y exigirla durante miles de kilómetros descubrí que, además, es una moto extraordinariamente divertida.

Y eso fue algo que no esperaba encontrar en una moto que había elegido, fundamentalmente, con la cabeza.

3. Recorrer Argentina de extremo a extremo ya es una aventura extraordinaria, pero hacerlo contra el reloj supone llevarla a otro nivel. ¿En qué momento surgió la idea de GRIZZLY 211 y qué te llevó a pensar que era un desafío que tenías que intentar?

En realidad, esta historia comenzó hace más de 30 años.

Cuando tenía unos 18 o 19 años, con un amigo empezamos a planificar un viaje bastante ambicioso: queríamos recorrer América en moto, desde Argentina hasta Alaska.

La idea era combinar dos experiencias muy diferentes. Primero, unir Ushuaia con La Quiaca lo más rápido posible, intentando establecer un récord, y después continuar hacia Alaska a un ritmo mucho más tranquilo, disfrutando del viaje.

Habíamos avanzado bastante con la organización, pero por aquella época falleció mi padre y eso cambió profundamente mis prioridades. La vida tomó otro rumbo y el proyecto quedó guardado durante muchos años.

Hasta que, hace poco, me encontré con una entrevista a Roberto Vicente Martínez, quien había establecido el récord Ushuaia–La Quiaca diez años atrás. Al leerla, recordé inmediatamente aquel proyecto de juventud y me hice una pregunta muy sencilla: ¿y por qué no hacerlo ahora?

La idea reapareció en un momento particular de mi vida. Después de haber tenido algunos problemas de salud y de no encontrarme en mi mejor condición física, había decidido prepararme seriamente para volver a competir en motociclismo de velocidad.

Comencé a entrenar intensamente con Osmar Portilla, un preparador físico que me ayudó a recuperar mi condición y mejorar considerablemente mi rendimiento deportivo. Fue precisamente durante ese proceso cuando volvió a rondarme la idea del récord.

Entonces empecé a pensar que hoy reunía una serie de condiciones que a los 20 años no tenía.

Llevo muchos años conduciendo motocicletas de distintas categorías, compito en circuitos de velocidad, practico motocross y disfruto tanto de las motos deportivas como de las de aventura. Además, soy ingeniero mecánico y mi trabajo me permite estar en contacto permanente con fabricantes, tecnología y profesionales de la industria.

Toda esa experiencia, sumada a la preparación física, me daba una buena base para afrontar el desafío. Y había algo más: a los 55 años sentía que estaba alcanzando uno de mis mejores momentos físicos y deportivos.

Habían pasado más de tres décadas desde aquella primera idea, pero ahora tenía los conocimientos, la preparación y los recursos necesarios para intentar llevarla a cabo.

Lo que a los 19 años había imaginado como una gran aventura podía convertirse en un desafío deportivo, preparado con el rigor de una competición y aprovechando las herramientas que me ofrecen la ingeniería y la tecnología actuales.

Y así nació GRIZZLY 211.

4. En 2016, Roberto Vicente Martínez estableció una marca de 74 horas y 37 minutos para unir Ushuaia y La Quiaca en motocicleta. Diez años después, te propones superar ese registro. ¿Qué te inspiró de aquella hazaña y qué crees que será determinante para conseguirlo?

Lo primero que quiero expresar es mi profundo respeto por Roberto Vicente Martínez y por lo que consiguió.

Roberto no llegó a ese récord de casualidad. Lo intentó tres veces, con experiencias muy diferentes. Primero realizó el recorrido acompañado por otros pilotos, después intentó hacerlo solo y no consiguió completarlo, y finalmente logró establecer una marca de 74 horas y 37 minutos.

Creo que eso habla de una enorme determinación y perseverancia. Muchas veces, cuando vemos un récord, nos quedamos solamente con el resultado y no conocemos todo el esfuerzo y las dificultades que hubo detrás.

Además, Roberto consiguió su marca hace diez años, con otra motocicleta, otras condiciones de ruta y una tecnología muy diferente de la que tenemos hoy.

Por eso me gusta decir que Roberto Martínez hizo historia con las herramientas de su época. Yo voy a intentar escribir el siguiente capítulo con las herramientas de la nuestra.

Mi planteamiento es aprovechar los conocimientos que he adquirido como ingeniero y piloto de competición y combinarlos con la tecnología actual. Para este proyecto estamos utilizando navegación GPS, comunicaciones satelitales Starlink, cámaras a bordo y sistemas de seguimiento en tiempo real. Pero la tecnología también está teniendo un papel importante en toda la planificación previa.

Una de las herramientas que más me ha ayudado ha sido ChatGPT, de OpenAI. La inteligencia artificial me ha permitido analizar alternativas técnicas, estudiar recorridos, calcular tiempos, consumos y autonomía, organizar la logística y preparar listas de verificación.

Sin esa ayuda me habría resultado mucho más difícil alcanzar este nivel de preparación en el tiempo disponible. Me ha permitido ahorrar muchas horas de trabajo y concentrarme en las decisiones, las pruebas y el entrenamiento. Naturalmente, la tecnología no sustituye la experiencia ni el criterio personal. Las decisiones siguen siendo mías y todo lo importante debe comprobarse en la práctica.

También ha sido fundamental el apoyo de los patrocinadores y colaboradores, que están aportando equipamiento, tecnología y soluciones específicas para el desafío.

Pero, más allá de todas estas herramientas, creo que la clave estará en mantener un ritmo constante durante miles de kilómetros, reducir al mínimo los tiempos detenidos, gestionar correctamente el cansancio y evitar cualquier fallo que pueda impedirnos llegar a la meta.

En una competición podés ser el más rápido de todos, pero si no llegás a la bandera a cuadros, no ganaste. Con este récord sucede exactamente lo mismo.

Mi objetivo no es demostrar que puedo conducir más rápido que Roberto. Quiero intentar llevar un poco más lejos lo que él consiguió, aprovechando mi experiencia y los recursos que tenemos disponibles diez años después.

Y si lo logro, será también una manera de rendir homenaje a quien abrió ese camino.

5. Durante casi 4.500 kilómetros, tu compañera de viaje será una Moto Guzzi V85 TT. ¿Qué te llevó a elegir este modelo para afrontar el desafío? ¿Valoraste otras motocicletas antes de decidirte por ella?

Por supuesto. Un desafío de estas características merece analizar todas las alternativas posibles. No podía dejarme llevar por la pasión por una marca o por una moto en particular. Tenía que tomar una decisión técnica.

Evalué motocicletas muy diferentes: KTM 790 y 890 Adventure, Moto Morini 1200, BMW R 1250 GS, modelos más orientados al asfalto como las BMW K 1300 S y R, varias maxitrail japonesas e incluso algunas Harley-Davidson.

No buscaba necesariamente la moto más potente, la más rápida ni la que tuviera más tecnología. Quería encontrar la que me ofreciera las mayores probabilidades de completar el recorrido sin problemas.

Estudié las ventajas y desventajas de cada alternativa, sus posibles puntos críticos, los antecedentes de confiabilidad, la facilidad de mantenimiento, la ergonomía y el comportamiento dinámico.

Y después de todo ese análisis, ganó la Moto Guzzi V85 TT.

Uno de los aspectos que más valoré fue su sencillez mecánica. El motor refrigerado por aire elimina elementos como el radiador, la bomba de agua y sus circuitos. La transmisión por cardán evita el mantenimiento periódico de una cadena y reduce su exposición a la tierra y al agua.

También me interesaron su construcción robusta, la capacidad para transportar equipamiento y una electrónica que ofrece lo necesario sin incorporar sistemas que considero superfluos para este desafío. Además, investigué los antecedentes de confiabilidad del modelo y encontré experiencias de propietarios con kilometrajes muy elevados.

Y hay un detalle que me encanta: es una verdadera Moto Guzzi italiana, fabricada en Mandello del Lario, a orillas del lago de Como. Esa identidad también tiene un valor especial.

Pero había otro factor que consideraba fundamental: la fatiga del piloto.

Durante casi 4.500 kilómetros, la comodidad y la posibilidad de cambiar de postura son determinantes. La V85 TT es amplia, tiene una posición de conducción muy natural para alguien de mi altura y permite manejar de pie sobre los estribos con mucha facilidad.

En mis entrenamientos de larga distancia, algunos de más de 1.400 kilómetros, he probado alternar períodos de conducción sentado con otros de pie, siempre que las condiciones del camino lo permiten. En algunos tramos puedo pasar media hora sentado y unos veinte minutos de pie. Eso me ayuda a cambiar los puntos de apoyo y evitar permanecer durante horas en la misma posición.

Además, la moto mantiene una estabilidad sorprendente en ambas situaciones.

Con el tiempo descubrí otra característica que también terminó jugando a su favor: su personalidad. Tiene vibraciones y una respuesta de motor muy particular. No es una moto perfectamente suave ni pretende serlo.

Lo que para algunos podría ser un defecto, para mí tiene su encanto. Es una moto que transmite sensaciones y hace que conducirla resulte entretenido incluso después de muchas horas. Eso no sustituye el descanso ni una correcta gestión del cansancio, pero ayuda a que la conducción sea menos monótona.

Por supuesto, ninguna motocicleta es perfecta para todas las situaciones. Todas tienen ventajas y compromisos.

Pero después de evaluar tantas alternativas y someter a la V85 TT a pruebas exigentes, estoy convencido de que es la moto adecuada para mi intento de récord.

No la elegí porque fuera una Moto Guzzi. La elegí porque, desde mi análisis de ingeniería, era la que mejor respondía a lo que necesitaba.

Y lo mejor es que, después de miles de kilómetros, además de confiar plenamente en ella, cada día disfruto más conduciéndola.

6. Un recorrido tan exigente obliga a pensar en cada detalle. ¿Cómo estás preparando la V85 TT para la aventura y qué modificaciones o adaptaciones consideras fundamentales para afrontar tantas horas de conducción?

Desde el principio tuve una idea muy clara: no quería construir una moto prototipo para intentar el récord. Quería hacerlo con una Moto Guzzi que cualquier persona pudiera comprar en un concesionario.

Para mí eso tiene mucho valor. Quiero demostrar lo que es capaz de hacer una V85 TT prácticamente de serie, sometida a una exigencia extraordinaria.

Por supuesto, un desafío de casi 4.500 kilómetros contra el reloj requiere algunas adaptaciones, pero todas tienen una finalidad concreta: mejorar la seguridad, la confiabilidad, la autonomía y reducir los tiempos de detención.

Mi filosofía ha sido siempre la misma: primero selecciono el producto que considero adecuado para el récord y después busco quién puede patrocinarlo. Nunca al revés. No incorporo un accesorio simplemente porque una empresa quiera proporcionármelo.

Una de las primeras modificaciones fue sustituir las llantas por unas de radios periféricos, que permiten utilizar neumáticos sin cámara, como en las versiones más recientes de la V85 TT. Esto es importante porque, ante un pinchazo reparable, puedo utilizar un tarugo y continuar sin desmontar la rueda. En un récord donde cada minuto cuenta, esa diferencia puede ser determinante.

También instalé defensas de motor GIVI y protectores de manos Acerbis más rígidos. He recibido impactos de piedras en las manos durante otros viajes y sé que un incidente aparentemente pequeño puede convertirse en un problema serio.

Otro elemento importante es el parabrisas alto GIVI. En la Patagonia el viento puede ser muy intenso y, después de tantas horas, la presión aerodinámica termina agotando físicamente al piloto.

Para transportar el equipamiento utilizo dos maletas laterales rígidas, destinadas exclusivamente a llevar dos bidones adicionales de combustible. También llevo un top case para las viandas y los elementos de acceso frecuente, una bolsa sobredepósito de extracción rápida y otro bolso para la bolsa de dormir y parte de la ropa.

Tengo que estar preparado para atravesar prácticamente toda Argentina, con temperaturas que pueden ir desde los tres grados bajo cero en el sur hasta cerca de los cuarenta en el norte.

En cuanto a la tecnología, llevo instalada una dashcam SkyPatrol, de Thothian Vision, con dos cámaras que graban permanentemente y permiten transmitir imágenes mediante 4G o Wi-Fi. Incorpora sistemas de asistencia basados en inteligencia artificial, como la detección de posibles riesgos de colisión y funciones de seguimiento de la atención y la fatiga del conductor, que todavía estamos evaluando para su utilización en una motocicleta.

Quería disponer de un sistema capaz de registrar el recorrido sin tener que estar pendiente de él. Durante el récord mi trabajo será conducir, no manejar equipos electrónicos.

La cámara está conectada a una antena Starlink Mini para poder transmitir imágenes mediante internet satelital, incluso donde no haya cobertura celular, siempre que las condiciones de conexión lo permitan. La instalación requiere un soporte específico de SkyLock y una alimentación eléctrica dedicada.

Además, llevo teléfonos de dos compañías diferentes y la propia cámara dispone de conectividad móvil independiente. La idea es contar con varias alternativas si alguno de los sistemas falla.

Otra parte importante del proyecto es la plataforma digital desarrollada por PamTech. Permitirá que los aficionados sigan mi ubicación, accedan a las imágenes y consulten los datos del recorrido. Pero también será una herramienta para mí, porque podré comprobar cómo avanzo respecto al tiempo previsto y ajustar la estrategia si es necesario.

A pesar de toda esta tecnología, la mecánica de la Moto Guzzi permanece esencialmente original. No he modificado el motor ni he buscado aumentar su potencia. No creo que sea necesario.

Como compré la moto usada, aunque tenía apenas 8.000 kilómetros, le hice una revisión muy profunda, incluyendo la inyección, la electrónica y todos los aspectos mecánicos. Antes de salir volveré a realizar un mantenimiento completo y una inspección general.

También estoy probando todo el equipamiento en condiciones reales. He realizado jornadas de más de 1.400 kilómetros, con lluvia intensa, viento y muchas horas de conducción nocturna. Son pruebas que permiten descubrir problemas que difícilmente aparecerían sobre el papel.

Quiero agradecer especialmente a todas las empresas que confiaron en este proyecto. GIVI, Acerbis, Nexx, Carpuride, Thothian Vision, SkyLock, PamTech, Pampa Power, Diamond Car Detailing, MM Competición, GEVE, Tech Energy, NC Nano Comunicaciones y los demás colaboradores están aportando productos, tecnología y servicios que me permiten afrontar este desafío con el equipamiento que considero más adecuado.

Para mí, la confiabilidad de cada elemento es fundamental. Quiero poder concentrarme exclusivamente en conducir, sabiendo que todo lo demás está preparado para funcionar correctamente.

No estoy preparando una moto para que parezca una máquina de récord. Estoy preparando una Moto Guzzi de serie para que tenga las mayores posibilidades de conseguirlo.

7. Un desafío de estas características no depende únicamente de la moto. ¿Cómo te estás preparando física y mentalmente para soportar tantas horas de conducción, el cansancio y las posibles adversidades?

Para mí, la preparación física y mental es uno de los aspectos más importantes de este proyecto, tanto como la elección de la moto o la planificación del recorrido. Desde el principio tuve claro que no podía afrontar un desafío de esta magnitud solamente con experiencia y ganas.

Hace aproximadamente un año y medio que trabajo con Osmar Portilla, a quien considero uno de los mejores preparadores físicos de Argentina. Gracias a su trabajo he mejorado mucho mi condición física, mi resistencia y mi rendimiento deportivo. También se ocupa de mi preparación nutricional, algo fundamental para mantener el esfuerzo y recuperarme adecuadamente durante tantas horas.

Entreno en el gimnasio, camino aproximadamente una hora todos los días e intento pasar la mayor cantidad de tiempo posible sobre una motocicleta. De hecho, prácticamente el 90 % de mis desplazamientos cotidianos los hago en moto, incluido el trayecto al trabajo.

Creo que cada kilómetro suma experiencia. Estar continuamente sobre dos ruedas ayuda a mantener activos los reflejos, la coordinación y la capacidad de anticiparse a lo que sucede alrededor.

Además, realizo entrenamientos específicos de conducción. Practico motocross con Marcos Trosero, una disciplina muy exigente que mejora el equilibrio, el control de la moto y la capacidad de reacción ante situaciones imprevistas. También compito en velocidad y, siempre que puedo, entreno en circuito con Diego Pierluigi, uno de los grandes referentes del motociclismo deportivo argentino.

La conducción en circuito exige precisión, concentración y disciplina. Y hay algo que considero fundamental para este récord: quiero tener un nivel de conducción muy superior al que necesitaré para mantener el ritmo previsto durante el recorrido.

Después de muchas horas sobre la moto, inevitablemente aparece el cansancio. Cuanto mejor sea tu técnica de conducción, mayor margen de seguridad tendrás cuando empiece a disminuir tu rendimiento físico. Eso no significa que puedas ignorar la fatiga. Hay que reconocer cuándo corresponde detenerse y descansar.

Por eso también estoy realizando entrenamientos de larga distancia, con jornadas de más de 1.400 kilómetros. En esas pruebas he conducido con lluvia intensa, viento, frío y durante muchas horas de noche. Me sirven para comprobar cómo responde mi cuerpo, cómo evoluciona mi concentración y qué aspectos necesito mejorar.

La preparación también ha incluido chequeos médicos completos. Incluso decidí operarme para solucionar algunas molestias físicas que, aunque no eran graves, podían convertirse en un problema después de tantas horas conduciendo. No quería llegar al momento del récord con ninguna cuestión pendiente que pudiera haber resuelto antes.

En cuanto a la parte mental, creo que mi experiencia en competición me ayuda mucho. Cuando corrés en circuito aprendés a mantener la concentración, tomar decisiones rápidamente y conservar la calma en situaciones exigentes. Un pequeño error puede arruinar una carrera, y en un recorrido de casi 4.500 kilómetros las consecuencias de una distracción pueden ser todavía mayores.

No quiero enfrentarme al récord para descubrir cuáles son mis límites. Quiero haberlos estudiado, entrenado y conocido antes de llegar a la línea de salida.

Tengo 55 años y probablemente esté en uno de los mejores momentos físicos y deportivos de mi vida. Eso ya me produce una enorme satisfacción, independientemente del resultado final.

GRIZZLY 211 me ha permitido comprobar que, con disciplina, entrenamiento y objetivos claros, todavía puedo seguir mejorando como deportista y como piloto.

8. Argentina ofrece paisajes espectaculares, pero también enormes distancias y condiciones meteorológicas muy cambiantes. ¿Cuáles crees que serán los tramos más complicados y qué factores podrían poner en peligro el objetivo?

Una de las primeras cosas que hice cuando decidí intentar este récord fue estudiar a fondo los antecedentes de los desafíos anteriores.

Analicé los recorridos, los tiempos, las dificultades que habían encontrado otros pilotos y, especialmente, dónde se había perdido tiempo y qué posibilidades había de mejorar.

Ese trabajo fue fundamental para diseñar mi estrategia. Porque este récord no se consigue solamente conduciendo rápido, sino manteniendo un ritmo sostenido durante casi 4.500 kilómetros, administrando bien el esfuerzo y evitando perder tiempo innecesariamente.

Dividí el recorrido en tres grandes etapas, cada una con dificultades muy diferentes.

El primer día probablemente sea el más complicado desde el punto de vista geográfico, meteorológico y logístico. Tengo previsto salir de Ushuaia alrededor de las cuatro de la madrugada y recorrer unos 1.300 kilómetros.

Uno de los primeros obstáculos será el paso Garibaldi, donde puedo encontrar temperaturas bajo cero, hielo o incluso el peligroso hielo negro sobre el asfalto. Si las condiciones son complicadas, tendré que reducir mucho la velocidad y atravesarlo con toda la precaución necesaria.

Después vienen los cruces fronterizos entre Argentina y Chile, el transbordador del estrecho de Magallanes y los trámites para regresar a Argentina. Son situaciones en las que no puedo controlar completamente los tiempos y cualquier demora puede alterar la planificación.

Y, una vez superada Tierra del Fuego, aparece otro gran protagonista: el viento patagónico. En esa región son habituales los vientos muy fuertes, que pueden alcanzar los 80 kilómetros por hora o incluso más. Conducir una moto cargada durante horas con viento lateral exige un esfuerzo físico y mental enorme.

Espero encontrar una ventana meteorológica favorable, porque el viento puede ser determinante para el resultado.

El segundo día es, desde mi punto de vista, donde realmente se construye el récord. Será la etapa más larga, con aproximadamente 1.800 kilómetros.

La ventaja es que buena parte del recorrido atraviesa zonas de rutas más rectas y una geografía menos complicada que la del extremo sur. Además, pasaré por La Pampa, mi provincia natal, donde conozco muy bien las carreteras, las condiciones habituales y hasta los sectores donde hay que prestar especial atención a la presencia de animales.

Es una región en la que me siento como en casa. Pero 1.800 kilómetros siguen siendo una distancia extraordinaria. El desafío será mantener un ritmo constante durante muchísimas horas sin cometer errores ni permitir que el cansancio comprometa la conducción.

El tercer día probablemente sea el más exigente desde el punto de vista físico y mental. Para entonces llevaré acumulados miles de kilómetros y dos jornadas de esfuerzo muy intenso.

A medida que avance hacia el norte, las temperaturas pueden acercarse a los 40 grados. También cambiará la geografía, con sectores más sinuosos, caminos de montaña y, finalmente, la subida hacia La Quiaca, situada a unos 3.400 metros de altitud.

La altura puede convertirse en otro factor importante, especialmente después de tantos kilómetros y con el cansancio acumulado.

Pero creo que el principal adversario será precisamente ese: la fatiga. No se trata solamente de conducir muchas horas, sino de mantener la concentración y tomar buenas decisiones durante tres días consecutivos.

Por eso estoy preparando cuidadosamente las detenciones. La idea es parar aproximadamente cada 200 kilómetros, con descansos breves de entre cinco y quince minutos, además de algunas pausas más largas cuando sean necesarias.

También tengo organizada la alimentación. En cada parada quiero tener preparada la comida y la bebida que corresponda, sin perder tiempo decidiendo qué comer o buscando dónde comprar algo. Son pequeños detalles que, sumados a lo largo del recorrido, pueden representar una diferencia importante.

La autonomía de combustible es otro aspecto fundamental. Por eso llevaré dos bidones adicionales de ocho litros cada uno, que me permitirán disponer de un margen mayor en zonas donde las estaciones de servicio están muy separadas o pueden surgir imprevistos.

Naturalmente, si las condiciones físicas o meteorológicas lo requieren, habrá que modificar los tiempos y descansar lo necesario. Ningún récord justifica comprometer la seguridad.

Creo que el verdadero secreto de este desafío no será alcanzar velocidades extraordinarias, sino conseguir que todo funcione de manera extraordinariamente constante.

La moto, el piloto, la alimentación, la navegación, las comunicaciones, los descansos y cada parada forman parte de un mismo sistema.

Y ahí es donde aplico mi experiencia como ingeniero y piloto de competición: estudiar cada variable, preparar las alternativas posibles y llegar al momento de la salida con la menor cantidad de incertidumbres.

Porque en casi 4.500 kilómetros pueden pasar muchísimas cosas. Mi trabajo durante estos meses ha sido prepararme para que la mayor cantidad posible de ellas ya estén previstas antes de que ocurran.

9. Una de las particularidades de GRIZZLY 211 es que los aficionados podrán acompañarte virtualmente gracias a Starlink, las cámaras a bordo y el seguimiento GPS. ¿Cómo será esa experiencia y qué podrán ver quienes sigan tu aventura desde España?

Esta es probablemente una de las partes más emocionantes de todo el proyecto, y curiosamente surgió de una manera que no había imaginado.

Originalmente, decidí instalar las cámaras por una necesidad técnica. Quería registrar el intento de récord, documentar lo que sucediera durante el recorrido y disponer de información que ayudara a validar el desafío.

Pero durante las primeras pruebas ocurrió algo que cambió mi manera de ver el proyecto.

Toda mi vida he viajado solo en moto. También compito solo cuando estoy en un circuito. Estoy acostumbrado a esa relación tan particular entre el piloto, su motocicleta y el camino.

En una de las primeras pruebas del sistema de transmisión, David, el responsable del desarrollo tecnológico, y su equipo comenzaron a seguirme desde el centro de monitoreo.

Yo iba conduciendo, como siempre. No podía verlos ni escucharlos, pero sabía que estaban ahí, acompañándome a través de las cámaras. Y fue una sensación muy particular. Por primera vez, de alguna manera, sentí que no estaba viajando completamente solo.

Cuando terminé aquella prueba, fui a encontrarme con ellos. Quería saber si la transmisión había funcionado correctamente y si las imágenes se habían registrado bien.

Pero me encontré con algo que no esperaba. ¡Ellos estaban incluso más entusiasmados que yo!

Comenzaron a contarme detalles del recorrido, a preguntarme por situaciones que habían visto y a hablar del camino como si hubieran estado sentados sobre la moto conmigo.

Y entonces comprendí que no se habían limitado a observar mi viaje. De alguna manera, también lo habían vivido.

Ahí nació una idea que hoy es fundamental para GRIZZLY 211: ¿por qué limitar esa experiencia a unas pocas personas? ¿Por qué no permitir que miles de aficionados a las motos y a los grandes viajes puedan acompañarme durante el intento de récord?

Eso es precisamente lo que queremos conseguir.

Gracias a las cámaras de Thothian Vision, la conectividad satelital Starlink y la plataforma desarrollada por PamTech, cualquier persona podrá entrar en nuestra página y acompañarme virtualmente durante los casi 4.500 kilómetros que separan Ushuaia de La Quiaca.

Podrán seguir mi ubicación mediante GPS, ver las imágenes transmitidas desde la moto cuando haya conectividad y consultar los datos del recorrido. También podrán comprobar cómo voy respecto al tiempo del récord, si estoy cumpliendo los objetivos de cada etapa, recuperando tiempo o perdiendo ritmo por alguna dificultad.

Pero hay algo que me parece todavía más interesante: no estamos preparando un documental editado ni un vídeo con los mejores momentos. Estamos invitando al público a presenciar una competición real mientras está sucediendo.

No sabemos exactamente qué va a pasar. Puede haber viento, lluvia, demoras en los cruces fronterizos, dificultades inesperadas o momentos en los que consiga recuperar tiempo. Todo eso formará parte de la experiencia.

El desafío durará aproximadamente tres días, así que cada persona podrá seguirlo a su manera. Alguien podrá conectarse desde España por la mañana, ver dónde estoy, acompañarme durante un tramo y volver unas horas después para comprobar cuánto hemos avanzado.

Me imagino a los aficionados siguiendo los tiempos, haciendo sus propios cálculos, compartiendo el desafío con amigos y preguntándose si finalmente conseguiremos superar el récord.

Y si llegamos a los últimos kilómetros con posibilidades de conseguirlo, me encantaría que hubiera miles de personas pendientes del desenlace, viviendo esa incertidumbre prácticamente al mismo tiempo que yo.

Por supuesto, la tecnología tiene sus limitaciones y habrá momentos en los que no podamos transmitir. Hemos preparado distintos sistemas de comunicación y alternativas de respaldo para intentar ofrecer la mayor continuidad posible.

Para mí, lo más importante es que esta experiencia pueda unir a personas de distintos países alrededor de una misma pasión.

Yo estaré físicamente solo sobre la Moto Guzzi, concentrado en conducir. Pero saber que hay personas acompañándome desde distintos lugares del mundo le da al desafío una dimensión completamente diferente.

Y me haría especial ilusión que los guzzistas españoles formaran parte de esta experiencia.

No quiero que simplemente vean si consigo un récord. Quiero que vivan el intento conmigo, que compartan las dificultades, la incertidumbre, el esfuerzo y, si tenemos éxito, también la alegría de llegar a la meta.

Por eso nuestro lema tiene un significado muy especial para mí:

«El récord tiene un copiloto. Eres tú».

Pueden acompañarnos desde cualquier lugar del mundo en:

https://grizzly.thothianvision.com/

10. Aunque serás tú quien vaya sobre la moto, detrás de GRIZZLY 211 hay un trabajo que muchas veces pasa desapercibido. ¿Quiénes te acompañan en esta aventura y qué importancia tiene para ti contar con ese apoyo?

Aunque el récord lo voy a intentar solo sobre la moto, la realidad es que detrás de GRIZZLY 211 hay muchísimas personas que están haciendo posible este desafío.

Y no me refiero solamente a los patrocinadores, que por supuesto tienen una importancia enorme. Hay toda una red de personas que me acompañan, aportando conocimientos, trabajo, tiempo y, sobre todo, entusiasmo.

En primer lugar está mi familia, uno de los apoyos más importantes que tengo. Mis hijos siguen con entusiasmo cada avance del proyecto; mi novia me acompaña y me contiene durante toda la preparación; y también están mi familia y mis amigos, tanto los que comparten mi pasión por las motos como aquellos que no tienen ninguna relación con el motociclismo.

Esa contención afectiva es fundamental. Preparar un desafío así exige muchísimo tiempo y esfuerzo, pero uno sigue teniendo su trabajo, sus responsabilidades y su vida cotidiana. Hay momentos de cansancio y decisiones complicadas en los que una palabra de aliento o simplemente saber que hay personas que confían en vos hace una diferencia enorme.

Después están mis entrenadores: Osmar Portilla, que lleva más de un año y medio trabajando conmigo en la preparación física y nutricional; Marcos Trosero, con quien entreno motocross; y Diego Pierluigi, que me ayuda a perfeccionar mi conducción deportiva en circuito. También cuento con grandes amigos y pilotos experimentados que comparten sus conocimientos y consejos.

Otro apoyo muy importante viene de mi entorno profesional. Soy gerente de Ingeniería de Grupo Simpa y tengo responsabilidades que debo seguir atendiendo mientras preparo el desafío.

Quiero mencionar especialmente a Miguel Schwartz, uno de los propietarios de la empresa, que siempre me apoya y me alienta con esta locura, como también lo hacen mis jefes y compañeros de trabajo. Organizar GRIZZLY 211 requiere una cantidad enorme de tiempo y energía, y contar con su comprensión tiene muchísimo valor para mí.

Y después está todo el equipo tecnológico, que merece un reconocimiento especial.

Lo que estamos desarrollando es bastante más complejo que colocar una cámara sobre una moto y transmitir por internet. Integra cámaras inteligentes, comunicaciones satelitales, conectividad celular, seguimiento GPS y una plataforma que permite al público acompañar el recorrido y a mí controlar la evolución del intento de récord.

Maxi y su equipo de Thothian Vision están realizando un trabajo extraordinario con la tecnología de monitoreo, mientras que David, con PamTech, ha desarrollado la plataforma digital. Detrás de lo que los espectadores verán en sus pantallas hay muchísimas horas de trabajo, pruebas y ajustes.

También quiero agradecer a los patrocinadores que confiaron en el proyecto y aportan equipamiento, tecnología, servicios y recursos fundamentales para llevarlo adelante.

Hay algo que me está sorprendiendo especialmente: el entusiasmo de las personas que se van sumando. Lo que comenzó como un desafío personal está convirtiéndose en un proyecto que muchos sienten también como propio.

Y eso ayuda muchísimo a mantener la constancia. Porque preparar un récord no significa trabajar intensamente unos pocos días, sino sostener durante meses los entrenamientos, las pruebas y la planificación, mientras la vida cotidiana continúa.

Siempre fui bastante independiente con las motos. Estoy acostumbrado a viajar solo y a competir solo. Pero este proyecto me está mostrando otra dimensión del motociclismo: la cantidad de personas que pueden unirse alrededor de una misma pasión.

El día que salga de Ushuaia voy a estar solo sobre la Moto Guzzi, pero voy a llevar conmigo el trabajo, la confianza y el entusiasmo de muchísima gente.

Y si conseguimos el récord, el mérito no será solamente mío. Será también de todas esas personas que hicieron posible que pudiera llegar a la línea de salida con una preparación de este nivel.

Eso es algo que tengo muy presente y que agradezco profundamente.

11. Todos los motoristas tenemos alguna manía, confesable o no, antes de salir de viaje. ¿Cuál es la tuya? ¿Hay algún ritual o amuleto que vaya a acompañarte durante GRIZZLY 211?

La verdad es que no tengo ninguna cábala. Nunca fui supersticioso y tampoco me gusta depender de la suerte.

Soy ingeniero y piloto de competición, y prefiero confiar en la preparación, el entrenamiento, el conocimiento y el trabajo.

Recuerdo una frase que le escuché a Roberto De Vicenzo, un extraordinario golfista argentino. Un periodista le preguntó por la suerte que tenía y él respondió algo así como: «Cuanto más entreno, más suerte tengo».

Me encanta esa filosofía, porque refleja exactamente lo que pienso.

En cualquier competición pueden pasar cosas que uno no controla. Podés prepararte durante meses, hacer todo bien y que una circunstancia inesperada te impida conseguir el resultado. Por eso creo que la verdadera batalla se gana durante la preparación.

Cuando llegás a la línea de salida sabiendo que hiciste todo lo que estaba a tu alcance, que no dejaste nada librado al azar y que te preparaste de la mejor manera posible, en cierto sentido ya ganaste.

Después, naturalmente, quiero conseguir el récord. ¡Para eso me estoy preparando! Pero el resultado no puede borrar todo el trabajo realizado ni lo que conseguí mejorar como deportista durante este proceso.

Así que no voy a llevar ningún amuleto ni tengo un ritual especial antes de salir.

Aunque, pensándolo bien, hay algo que sí tiene un significado muy personal para mí: el nombre GRIZZLY 211.

La historia es bastante divertida. Soy una persona grande, físicamente corpulenta, y algunos amigos comenzaron a bromear diciendo que, cuando me veían arriba de la moto, parecía un oso.

Cuando tuve que elegir un nombre para el proyecto, me acordé de esos comentarios y pensé en un oso grizzly. Me pareció perfecto: un animal fuerte, resistente y acostumbrado a condiciones extremas.

Pero el número 211 tiene una historia mucho más personal.

Mi padre, cuando competía en automovilismo, utilizaba el número 111. Muchos años después, cuando comencé a correr en motociclismo de velocidad, elegí el 211 como mi número de competición.

Y cuando nació este proyecto decidí mantenerlo.

Así apareció GRIZZLY 211.

Por eso, aunque no soy supersticioso, el nombre tiene para mí un valor especial. De alguna manera, une mi historia como motociclista con la pasión por los motores que heredé de mi padre.

No llevo un amuleto para que me dé suerte. Llevo un nombre que me recuerda de dónde vengo y todo el camino que recorrí para llegar hasta acá.

Y eso, para mí, vale mucho más que cualquier cábala.

12. Para terminar, ¿qué mensaje te gustaría enviar a los guzzistas españoles que estarán pendientes de tu desafío y que, como dice el lema de GRIZZLY 211, podrán convertirse en tus copilotos virtuales?

Lo primero que quiero hacer es agradecerles el interés y el entusiasmo por este desafío. Para mí es una alegría enorme que motociclistas de España, a miles de kilómetros de Argentina, quieran acompañarme en esta aventura.

Creo que los motociclistas tenemos algo muy especial. No importa de qué país seamos, qué moto tengamos o qué idioma hablemos. Cuando encontramos a alguien que comparte nuestra pasión por las dos ruedas, inmediatamente tenemos algo en común.

Y con España tenemos además una conexión muy cercana, por nuestra historia, nuestro idioma y nuestra manera de vivir esta pasión.

Me encanta pensar que una Moto Guzzi nacida a orillas del lago de Como, conducida por un argentino, pueda reunir a motociclistas españoles y de otros lugares del mundo alrededor de un mismo desafío.

Por eso quiero invitarlos a subirse virtualmente a mi moto y acompañarme durante toda esta aventura. Y cuando digo toda, me refiero a toda.

No solamente durante el intento de récord. Quiero compartir con ustedes el viaje desde que salga de Buenos Aires rumbo a Ushuaia, los preparativos, la largada, los casi 4.500 kilómetros contra el reloj y también el regreso a casa.

Y hay algo que hace especial esta experiencia: todo sucederá en directo, sin conocer de antemano el resultado.

Me estoy preparando de la mejor manera posible, dedicando muchísimo esfuerzo, entrenamiento, ingeniería y tecnología para tener las mayores posibilidades de conseguir el récord. Pero una vez que salga de Ushuaia, no sé qué va a pasar.

Habrá momentos buenos, dificultades, cansancio, cambios de clima, paisajes espectaculares y seguramente situaciones que hoy ni siquiera podemos imaginar. Me encantaría que pudieran vivir todo eso conmigo.

No hace falta que estén conectados durante horas. Pueden entrar en nuestra plataforma cuando tengan ganas, ver dónde estoy, mirar las cámaras cuando haya conexión y comprobar cómo avanza el desafío. Después pueden seguir con su día y volver más tarde para descubrir qué ha sucedido.

Siempre viajé solo en moto, pero esta vez me gustaría viajar acompañado por miles de copilotos.

Los invito a conocer Argentina desde el asiento de una Moto Guzzi V85 TT, a descubrir sus paisajes, sus enormes distancias y sus contrastes, desde los fríos caminos de Tierra del Fuego hasta las montañas del norte.

Y, sobre todo, los invito a compartir una experiencia auténtica, con toda la emoción y la incertidumbre de una competición real.

No puedo prometerles que voy a conseguir el récord. Lo que sí puedo prometerles es que voy a dar lo mejor de mí para intentarlo.

Y sería maravilloso que, cuando llegue a La Quiaca, cualquiera que haya seguido esta aventura pueda sentir que también formó parte de ella.

Nos vemos en la ruta. Yo pongo la moto, la preparación y las ganas. Ustedes solamente tienen que acompañarme.

GRIZZLY 211 — El récord tiene un copiloto. Eres tú.

Un fuerte abrazo desde Argentina y muchas gracias de nuevo por la invitación.

Desde el España Moto Guzzi Club queremos agradecer a Ramiro su tiempo, su cercanía y la disposición con la que ha compartido todos los detalles de GRIZZLY 211.

Le deseamos mucha suerte en este desafío y, sobre todo, que pueda disfrutar de la experiencia y completar el recorrido con seguridad.

Por nuestra parte, estaremos pendientes de sus avances y animamos a todos los guzzistas a acompañarlo durante esta aventura. Será una buena oportunidad para recorrer Argentina, aunque sea virtualmente, desde el asiento de una Moto Guzzi.

¡Mucha suerte, Ramiro! Nos vemos en la ruta.

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